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Marvel Knights: Veinte años del sello que cambió Marvel

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 21/10/2018
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Este 2018 se cumplen veinte años de la creación de Marvel Knights, el sello editorial con el que Marvel no solo relanzó creativamente su universo de ficción, sino que también marcó las pautas para lo que iban a ser sus cómics al inicio del siglo XXI. Una de las maniobras más estimulantes y fructíferas de la historia de la editorial cuyo legado repasamos en este artículo a modo de más que merecido homenaje.

Corrían malos tiempos para Marvel a mediados de la década de 1990. El surgimiento de Image Comics, la crisis del mercado editorial USA y la sombra de la bancarrota planeaban sobre la compañía. En 1996 el intento desesperado de volver a las grandes cifras recuperando a unos prófugos Jim Lee y Rob Liefeld para relanzar varios de sus principales títulos con el sello Heroes Reborn se tornó un fracaso. Dos años después volvieron a intentarlo pero esta vez rebajaron sus prioridades: en lugar de ceder a sus principales iconos -Vengadores, 4 Fantásticos- dándoles una nueva continuidad, eligieron a personajes de menor calado -Daredevil, Punisher, Pantera Negra, Inhumanos- manteniendo sus historias dentro de la continuidad. Y en vez de encargar la labor a las caprichosas estrellas de Image se decantaron por la mucho más humilde Event Comics, editorial independiente fundada por Joe Quesada y Jimmy Palmiotti.


La opción de Quesada y Palmiotti para reverdecer los laureles de los personajes fue la de atraer a autores que nunca habían trabajado para la editorial dándoles libertad creativa para hacer y deshacer a su antojo. La primera hornada de esta iniciativa estuvo formada por Daredevil a cargo del cineasta (y fanático de los cómics) Kevin Smith con dibujos del propio Quesada; Pantera Negra de Christopher Priest y Mark Texeira, Inhumanos con Paul Jenkins y Jae Lee y Punisher de Christopher Golden y Bernie Wrightson. Salvo esta última, con un absurdo giro que convertía al protagonista en un personaje sobrenatural que combatía demonios (sic), el resto de series fueron aclamadas por su habilidad para devolver la frescura a unos personajes veteranos sin romper con sus raíces y aportándoles un nivel de excelencia gráfica al que hacía tiempo que no estaban acostumbrados. La apuesta de Marvel por Quesada y Palmiotti se saldó con un éxito que permitió no solo prolongar el acuerdo inicial, sino expandirlo a más títulos.


Así, ya con un mayor poder creativo dentro de la editorial, en el 2000 Quesada y Palmiotti iniciaron una segunda fase donde se prolongaban los aciertos de la primera y se corregían sus errores. Tras el traspiés inicial, Punisher encontró a su cronista ideal en Garth Ennis quien, acompañado por su fiel Steve Dillon, devolvió al personaje a sus raíces de justiciero urbano con historias rebosantes de humor negro que supusieron el inicio a la mejor época de toda la trayectoria del personaje. Daredevil, tras un par de sagas a cargo de David Mack y Bob Gale perjudicadas por retrasos en la periodicidad inició una de sus mejores etapas de la mano de Brian Bendis y Alex Maleev. Priest siguió ampliando el imaginario de Pantera Negra con interesantes incorporaciones a su universo. Y los veteranos Chuck Dixon y Eduardo Barreto intentaron darle cierto empaque grupal al sello mediante la cabecera colectiva Marvel Knights, que buscaba recuperar el concepto de no-grupo de la antigua Los Defensores.


Sin embargo lo más llamativo de esta segunda hornada estaba en los nombre asociados a la series limitadas que se fueron sucediendo, como las de la Viuda Negra firmadas por Devin Grayson y dibujadas por J.G. Jones y Scott Hampton donde Natasha Romanov se enfrentaba a una sustituta mucho más joven y peligrosa; Marvel Boy, en la que Grant Morrison y el citado J.G. Jones retomaban el concepto del Capitán Marvel para crear un nuevo personaje más salvaje y anárquico; El Vigía, proyecto rodeado de misterio con el que Paul Jenkins y Jae Lee presentaban a un enigmático personaje supuestamente apartado de la continuidad editorial tres décadas antes y que reflexionaba sobre el (super)poder y la moralidad; 1602, peculiar versión alternativa del Universo Marvel ambientada en el medievo firmada por Neil Gaiman y Andy Kubert; o la llamada “saga de colores” del dúo Jeph Loeb y Tim Sale donde estos hacían un emotivo repaso de la génesis y primeras aventuras de personajes como Daredevil (Amarillo), Spiderman (Azul) y Hulk (Gris).


Durante los cinco años siguientes se fueron sucediendo varias series y miniseries con el logo Marvel Knights en su portada. Cabeceras que alternaban lo competente -Elektra, con Greg Rucka y Carlo Pagulayan buscando dar cierto empaque propio a la creación de Frank Miller-, lo fallido -Capitán América, con John Ney Rieber primero y Chuck Austen después intentando resituar a Steve Rogers en el mundo post 11-S con mejores intenciones que resultados-, lo inesperadamente clásico –Marvel Knights Spiderman, con doce números iniciales a cargo de un inesperadamente contenido Mark Millar deliciosamente ilustrados por Terry Dodson-, lo experimental –Distrito X, con David Hine y Lan Medina pasando el cosmos mutante por el filtro del policiaco más crudo- y la (auto)renovación –un nuevo volumen de Pantera Negra firmado por Reginald Hudlin-. Para entonces los buenos resultados globales de la línea habían supuesto el ascenso de Joe Quesada al cargo de editor jefe de Marvel y, casi de manera simultanea, que las directrices creativas de Marvel Knights se fuesen filtrando al resto de la editorial. Tanto en lo referente a su continuidad principal –los X-Men a cargo de Morrison, Los Vengadores en manos de Bendis- como en la creación de nuevos sellos como las líneas MAX y Ultimate.


Irónicamente el hecho de “colonizar” al resto de la compañía provocó que Marvel Knights se sumiese en una crisis al perder sus rasgos distintivos. Como resultado de una nueva renovación en 2006, el sello se reconvirtió en una suerte de etiqueta de lujo destinada a proyectos especiales en forma de miniseries autocontenidas, no necesariamente adscritas a la continuidad y firmadas por autores relevantes. Algunos de esas miniseries serían Furia: Pacificador con Ennis y Darick Roberton revisando los orígenes bélicos de Nick Furia; la crepuscular Silver Surfer: Requiem de J.M. Straczynski y Esad Ribic; Spiderman: Reino, oscuro relato sobre la vejez y muerte de Peter Parker firmado por Kaare Andrews; o Magneto: Testamento, cruda y emotiva visión del holocausto nazi a cargo de Greg Pak y Carmine Giandomenico. Pese a lo llamativo de estas últimas propuestas, la publicación de títulos fue reduciéndose cada vez más hasta 2013, cuando tres miniseries dedicadas a Spiderman, Hulk y X-Men a cargo de autores del cómic independientes como Matt Kind, Joe Keatinge y Brahm Revel (inéditas en España) supusieron el cierre efectivo del sello.

El balance de Marvel Knights fueron quince años de cómic mainstream a un nivel medio más que notable. Pero más importante aún es su legado editorial, que definió –y en buena manera aún define- la forma en que la editorial continúa enfocando la creatividad de parte de sus títulos. Mientras se confirman los rumores sobre una posible resurrección editorial con motivo de su 20º aniversario, recuperar algunas de las joyas legadas por el sello es no solo aconsejable, sino casi imprescindible para entender la evolución de la compañía en los últimos años.


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