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Capitán América de Mark Waid: Tres etapas, una sintonía

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 15/06/2019
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Con apenas unos meses de diferencia coinciden en las novedades de Panini Comics, el final de la más reciente etapa de Mark Waid a cargo de Capitán América y la reedición de su primer trabajo como cronista del Centinela de la Libertad. Una relación intermitente entre guionista y personaje a lo largo de más de dos décadas que podemos citar entre los mejores momentos de la trayectoria del personaje tocando las diferentes facetas del mismo.

Su primer encuentro data de mediados de la década de los 90, época delicada para el cómic de superhéroes mainstream y en la que la serie del personaje languidecía debido a los guiones de un Mark Gruenwald creativamente agotado tras once años seguidos en la cabecera y a unos dibujantes progresivamente mediocres que incurrían en los peores vicios de la generación Image (incluyendo un polémico rediseño gráfico que incluía una aparatosa armadura). Con las ventas cayendo en picado, los editores buscaron savia nueva y la encontraron en Mark Waid. Waid, que se había labrado una solida reputación en DC gracias a su labor en Flash y Kingdom Come, se vio tentado por la oferta de escribir al que había sido uno de sus personajes favoritos desde niño. Consciente de la necesidad de un revulsivo, con su primer guión (#444 USA) cerró de un plumazo todas las tramas pendientes –que incluían a un Capitán América moribundo debido a un fallo del suero de supersoldado que le otorgaba sus habilidades- para a continuación recuperar la esencia del personaje en una historia acertadamente bautizada Operación: Renacimiento.


En esa primera trama, Waid no solo recuperaba el estatus quo del personaje sino también al personaje de Sharon Carter, agente de SHIELD e interés romántico del protagonista y supuestamente fallecida años atrás. La trama, que incluía una insólita alianza con Cráneo Rojo para impedir que un grupo de supremacistas resucitasen a Adolf Hitler utilizando el Cubo Cósmico (sic), no era especialmente original ni incluía giros rompedores. Era una historia concisa, trepidante y que manejaba las características del personaje como no se había visto desde hace años. Asimismo supuso el trampolín definitivo para un Ron Garney que explotaba aquí su habilidad para las anatomías imponentes, su dinamismo narrativo y su don para potenciar la espectacularidad de la acción. El excelente sabor de boca de este retorno a las bases se confirmaría en El Hombre Sin Patria, arco donde, debido a un complot del villano Forjador de Máquinas, Steve Rogers era despojado de su nacionalidad y expulsado del país. Una historia que incluía espionaje, códigos nucleares y la aparición del entonces presidente Bill Clinton y donde Waid exploraba la relación entre Rogers y Carter, marcada por el recelo y la desconfianza de la ahora mucho más curtida y cínica espía.


Por desgracia, justo cuando el trabajo de Waid y Garney empezaba a estar en boca de todos -y antes de que ello se reflejase en las ventas- la editorial cedió el personaje al siempre polémico Rob Liefeld como parte del proyecto Heroes Reborn, cortando la labor de Waid y Garney tras apenas once números. Pero la calidad de estos unida al desastre creativo que supuso Reborn hizo que la editorial devolviese casi por obligación al personaje a las manos de Waid y Garney mediante una nueva cabecera con un flamante #1 en portada.

En esta segunda etapa Waid elaboró varias tramas que se desarrollarían a lo largo de dos años y que incluían la destrucción del emblemático escudo del protagonista y su sustitución por una réplica energética; el regreso de HYDRA; un conato de invasión Skrull (con una premisa que se adelantó una década a la de Invasión Secreta); un enfrentamiento con el onírico Pesadilla; el regreso de Cráneo Rojo; y un complot para destruir el vibranium relacionado con el destruido escudo original. Tramas que combinaban la acción de enfrentamientos con personajes como Batroc, Rhino o Klaw con elementos de tono político donde Waid utilizaba al protagonista y su condición de símbolo norteamericano para hablar de temas como la manipulación la opinión pública, la perversión de los ideales patrióticos o la inmigración ilegal y su uso como arma política. Waid entregaría aquí números tan memorables como el polémico Cambio de Rumbo (Vol 3 #14) donde se repasa el origen de Cráneo Rojo desde la perspectiva del propio villano en una historia ilustrada en blanco, negro y rojo cuya publicación suscitó un escándalo al considerar que los discursos racistas del personaje eran demasiado ofensivos. O El Hombre Fuera del Tiempo (Vol. 3 #18), relato ambientado en una distopía futurista gobernada por un todopoderoso Korvac donde el Capitán América debe derrocar una y otra y otra vez al tirano dotado del poder de rehacer el tiempo con un solo gesto.


Pese a la abrupta marcha de Garney tras apenas seis números, la nueva etapa no se resintió gracias a la incorporación de un Andy Kubert en plena eclosión de su poderío gráfico con la ocasional ayuda de sustitutos como Lee Weeks, Patrick Zircher o su legendario progenitor Joe Kubert. Una etapa donde el personaje de Sharon Carter cobraba aun más protagonismo y el tratamiento del protagonista demostraba que incluso en los descreídos años noventa un idealista de valores tradicionales como Steve Rogers no solo aún era relevante sino incluso necesario.


Tras finalizar dicha etapa la serie iniciaría una deriva hasta el inicio de la revolucionaria etapa de Ed Brubaker y Steve Epting. El merecido éxito de aquella sin embargo eclipsó injustamente la aportación de Waid, quien fue el encargado de devolver la relevancia a un personaje que parecía condenado a languidecer apenas diez años antes. En lo que parece una imagen especular de aquella primera etapa, el reciente regreso de Waid a la cabecera como parte de la etapa Marvel Legacy se ha limitado a apenas diez números (#695-704 USA) esta vez en compañía de Chris Samnee antes de ser desplazado por la enésima renovación editorial. Una tercera estancia breve y de sabor clásico –aunque con ideas tan curiosas como una trama ambientada en un hipotético futuro a cargo de un nieto de Steve- que nos recuerda que no solo Waid sigue siendo uno de los mejores cronistas del personaje, sino que todavía le quedan historias sobre el mismo que contar y para las que no son necesarios grandes eventos ni giros radicales, sino ser fiel a la esencia del personaje.


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