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La Atalaya del Vigía Comic Digital

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David Lapham: entre la independencia y la comercialidad

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 01/02/2012
La Atalaya del Vigía

La reciente edición española de varios de sus recientes trabajos supone la excusa perfecta para hablar de David Lapham, autor de una de las trayectorias profesionales más extrañas e interesantes del cómic USA. Una trayectoria que asimismo dibuja un mapa del mundo del cómic y sus varias caras.

Frente a autores independientes que posteriormente han dado el salto al mainstream y las grandes editoriales (véanse Brian Bendis, Ed Brubaker o Matt Fraction) Lapham dio sus primeros pasos dentro del comercial género de los superhéroes en la compañía Valiant. Allí Jim Shooter le dio la alternativa como dibujante de series como Magnus Robo Fighter, Harbinger o Shadow Man. Tras el cierre de la editorial, Lapham recibió ofertas de las grandes editoriales pero, sorprendiendo a propios y extraños, fundó su propia compañía (El Capitán Books) e inició Balas Perdidas. Perteneciente al género policiaco, se trata de una ambiciosa historia que seguía a un variopinto grupo de personajes a lo largo de varias décadas. La principal peculiaridad de Balas Perdidas es que está formada por historias aparentemente independientes y no cronológicas pero que, a la larga, conformaban un todo único y cuidadosamente conectado. Una edición en blanco y negro, el estilo de dibujo esquemático y sobrio, la habilidad del autor para manejar los resortes del género negro y una mezcla de registros tan distintos como el drama más oscuro y el humor más negro convirtieron a la serie en una de las sensaciones del cómic independiente y a su autor en uno de los mejores autores del género negro. Una etiqueta que revalidó con la publicación en paralelo de Mátame, miniserie deudora de la literatura de James M. Cain.
De forma lenta pero segura y con un prestigio creciente (incluidos dos premios Eisner) Lapham siguió con Balas Perdidas hasta que en 2005 (tras cuarenta números y dos especiales a color) decidió interrumpirla sin haber llegado a su conclusión. El autor comenzó entonces a aceptar encargos como guionista para editoriales como Top Cow (The Darkness), DC (Detective Comics, El Espectro), IDW (30 Días de Noche, G.I. Joe: Origins), Avatar (Crossed) y, sobre todo, Marvel (Lobezno, Terror Inc, Spiderman). Motivado por razones económicas, este salto de Lapham al sector comercial le ha costado el rechazo y las críticas por parte de la crítica más seria y estirada (esa que no lee cómics, solo “novelas gráficas”). Una postura realmente injusta y falsa. Injusta porque, por más que buena parte de esos trabajos no estén a la altura de sus obras autoeditadas, resultan bastante dignos y no exentos de interés. De hecho, sus dos miniseries de Terror Inc, las secuelas de Crossed o Masacre Max revelan a Lapham como un maestro del humor macabro, la violencia descarnada y el entretenimiento más salvaje, sin nada que envidiar al Garth Ennis más desatado.

Falsa porque, aunque sea al servicio de otros, Lapham no ha dejado de lado la realización de obras personales como autor completo. Su miniserie para Marvel Darevil vs Punisher: Means and Ends tenía más en común con Balas Perdidas que con sus protagonistas (lo que suponía su gran defecto) mientras que para Vértigo realizó el especial Silverfish (una notable muestra de suspense) y la serie Young Liars. Esta última, con un total de dieciocho números, es de hecho su propuesta más personal y arriesgada hasta la fecha. Lo que empezó como una trama criminal de jóvenes perdedores evolucionó rápidamente a una paranoica historia de ciencia ficción cada vez más extraña y surrealista. Un delirio digno de David Lynch que uno acababa siguiendo no por la trama, personajes o dibujo, sino por la curiosidad de ver si aún podía enrarecerse más.

Por tanto, y pese a lamentar que Balas Perdidas siga en suspenso indefinido, quiero romper una lanza a favor del David Lapham más “comercial”. Ojala el trabajo de todos esos genios independientes y anticomerciales fuese la mitad de interesante y divertido.


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