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Alien vs Predator: Nacidos para luchar

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 27/07/2019
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Casi tres décadas después de su primera publicación, Norma Editorial acaba de recuperar Alien vs Predator, miniserie que enfrentaba por primera vez a dos de los extraterrestres más populares y peligrosos del imaginario cinematográfico. Una rivalidad que acabaría generando una popular franquicia basada exclusivamente en los encontronazos entre ambos seres y expandida a medios como el cine, la literatura y el videojuego con diversa fortuna.

Visto en perspectiva, el encuentro era poco menos que inevitable: tanto los xenormorfos modelados por H.R. Giger para Alien (1979) de Ridley Scott como los cazadores interestelares diseñados por Stan Winston para Depredador (Predator, 1987) de John McTiernan eran propiedad de la 20th Century Fox, pero además esta última había cedido sus respectivos derechos de adaptación al cómic a la editorial Dark Horse. Las propias características de ambos seres –las criaturas más letales de la galaxia y una raza de cazadores que viajan por el cosmos buscando las presas más peligrosas- ya predisponían que sus caminos se cruzasen. El propio medio cinematográfico que les vio nacer ya lo apuntaba en una secuencia de Depredador 2 (1990) donde podía verse fugazmente un cráneo de alien en la sala de trofeos de la nave de los depredadores. Sin embargo sería en el cómic donde ese anhelo acabo materializándose.


La editorial canadiense fundada por Mike Richardson ya había cosechado gran éxito previo con títulos dedicados tanto a Alien como a Predator cuando decidió enfrentar finalmente a ambos. Tras una historia corta serializada en la revista Dark Horse Presents (posteriormente reeditada como nº 0), en 1990 se publicaría Alien vs Predator, miniserie de cuatro entregas que narraba como un veterano Yaujta (nombre recibido por los depredadores en las obras derivadas de las películas) acompañado por un grupo de jóvenes aprendices soltaban varios huevos de alien en la superficie del planeta Ryushi para dar caza a las criaturas resultantes en una especie de rito iniciático. Desgraciadamente la situación se complica cuando el planeta resulta haber sido colonizado recientemente por humanos, sucediéndose una serie de eventos que obligarán al veterano cazador a aliarse con Machiko Noguchi, una de las supervivientes humanas, para poder sobrevivir a la descontrolada infestación alien.


Escrita por Randy Strandley y dibujada por Phil Norwood y Chris Wagner (autores habituales de la editorial), la miniserie exploraba la entonces aun nebulosa mitología de ambas criaturas, estableciendo asimismo un modelo argumental imitado por la mayoría de posteriores historias conjuntas no solo en la viñeta. El gran éxito de la propuesta –siendo uno de los primeros cómics no publicados por Marvel o DC en alcanzar los primeros puestos del top de ventas USA- propició una sucesión de miniseries y especiales durante la siguiente década que pueden dividirse en dos categorías. Por un lado las que continuaban la trama original, siguiendo las aventuras de Machiko Noguchi tras haber sido aceptada como parte del clan Yaujta y los encuentros de estos con los marines espaciales y otros xenomorfos. Una trama que mostraba la peculiar cultura Yaujta y sus ritos así como la lealtad dividida de la protagonista entre su humanidad y sus nuevos aliados. Un ciclo argumental desarrollado en varias miniseries (Duel, War) e historias cortas (publicadas en la citada Dark Horse Presents) escritas por Strandley junto a dibujantes como Javier Saltares y Mike Manley.


De forma paralela Dark Horse también publicaría títulos como Especies Letales, miniserie de doce entregas a cargo de Chris Claremont, Jackson Guice y Eduardo Barreto que tenía la particularidad de estar narrada por personajes femeninos de las tres razas (humana, alien y depredador); Eternal, historia ambientada en un Tokyo futurista donde Ian Edginton y Alex Maleev relataban como los intentos de un poderoso magnate por capturar a ambas razas acababa en un caos de muerte y destrucción; Xenogenesis, miniserie a cargo de Andy Watson y Mel Rubi que supuso un punto y aparte en la franquicia de varios años; e incluso crossovers como Overkill -junto a Witchblade y The Darkness de la editorial Top Cow- o la prácticamente inevitable Aliens vs Predator vs Terminator (sic).


Ya en el siglo XXI, la popularidad de varios videojuegos de la franquicia junto al estreno de Alien vs Predator (Paul W.S. Anderson 2004) reactivaría la línea de cómic mediante un puñado de especiales escritos por Mike Kennedy (otro guionista “de la casa”) ilustrados por Dustin Weaver, Francisco Ruiz Velasco y Roger Robinson antes de que Randy Strandley retomase finalmente junto a Rick Leonardi al personaje de Machiko Noguchi en la miniserie Three World War. Poco después Dark Horse relanzaría desde cero toda la línea mediante los crossovers Fuego y Piedra y Vida y Muerte. En ambos los guionistas Chris Robertson y Dan Abnett tenían la difícil papeleta de solventar las cada vez más numerosas incongruencias de la continuidad cinematográfica, incluidas las discutibles aportaciones a dicho universo realizadas por Prometheus (2012).


De balance desigual, con discutibles resultados en el medio audiovisual y un futuro incierto ahora que forma parte del catalogo de propiedades de Disney tras la adquisición de de 20th Century Fox, lo cierto es que las aportaciones en formato cómic de Alien vs Predator son las que más y mejor han sabido aprovechar el potencial de mezclar a ambas criaturas. En especial el ciclo firmado por Strandley que Norma editorial planea recuperar en una cuidada edición en tres tomos y que (nostalgia aparte) sigue funcionando igual de bien que antaño, ofreciendo una sólida historia de acción y ciencia ficción apta no solo para fans empedernidos que merecía ser recuperada en una edición a su altura.


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