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Thorgal: El largo camino del guerrero de las estrellas

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 01/09/2019
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Más de cuatro décadas de trayectoria editorial avalan la relevancia de Thorgal como uno de los títulos más señeros del cómic europeo. La serie creada por Jean Van Hamme y Grzegorz Rosinsky pertenece a ese selecto grupo de obras de la viñeta franco-belga que como Tintín, Blueberry o Valerian han logrado trascender al medio convirtiéndose en un título imprescindible a la hora de conocer la evolución histórica del cómic y servir de modelo para obras y autores posteriores. De ahí que la actual reedición de la misma en formato integral por parte de Norma Editorial suponga la oportunidad de (re)descubrirla en un formato a la altura de su prestigio.


Creado en 1977 en las páginas de la revista Tintín, Thorgal nació como un título de acción y aventuras de corte medieval ambientado en el siglo XI. En sus primeras páginas se presentaba a Thorgal Aegirsson, un joven que comete el error de enamorarse de Aaricia, la hija del rey vikingo Gandalf. Condenado a muerte, Thorgal es salvado por la hechicera Slive, en cuyos planes para derrocar al citado monarca el joven vikingo juega un importante papel. Deudora reconocida de El Príncipe Valiente de Harold Foster, esta primera historia resulta una anomalía vista desde la perspectiva actual, pues pese a incluir ciertos elementos de fantasía nada hace suponer el giro que tanto serie como personaje tomarían a partir de su segunda aventura. En ella, tras arreglar las diferencias con el rey y contraer matrimonio con Aaricia, su enfrentamiento con Slive le lleva a descubrir que tanto esta como el propio Thorgal son alienígenas pertenecientes a una raza conocida como el Pueblo de las Estrellas, quienes tiempo atrás llegaron a la Tierra sin posibilidad de regresar a su mundo. Un giro de 180º grados que abre la puerta de par en par no solo a la fantasía, sino directamente al género de ciencia ficción y a elementos como mundos paralelos, viajes en el tiempo, tecnología futurista, criaturas fantásticas y toda clase de civilizaciones perdidas en parajes exóticos.


Una extraña mezcla temática y tonal a la que, contra todo pronóstico, los guiones de Van Hamme consiguen dotar de una sólida coherencia en la que el rigor histórico de las primeras aventuras pronto da paso a elementos tomados de la mitología y anacronismos conscientes y buscados que hacen coincidir civilizaciones precolombinas, grecorromanas y medievales. Un “melting pot” que se sostiene gracias al cuidadoso desarrollo de personajes realizado por el autor empezando por el protagonista, empujado a la violencia pese a buscar la paz y marcado por un origen que ni entiende ni comprende pero que pone continuamente en peligro a su familia; su esposa Aaricia; Jolan y Loba, hijos de la pareja que han heredado habilidades alienígenas que van más allá de las de su propio padre; el viejo armero Arghun Pie de Árbol y su bromista sobrino Tjall el impetuoso; o Kriss de Valnor, implacable y manipuladora guerrera que mantiene con Thorgal una relación que oscila entre el amor y el odio más apasionados dando pie a un tenso y dramático triángulo amoroso.


La otra pata que sostiene este banco la supone el arte del polaco Rosinsky, cuyo trazo a lo largo de la serie muestra una evolución que va eliminando algunos trazos caricaturescos presentes en las primeras entregas en favor de una detallada estética realista y que acabará por incluir técnicas pictóricas. Todo ello en favor de los muchos y muy distintos personajes y escenarios salidos de la inquieta imaginación de Van Hamme. Asimismo en los guiones de este último también puede distinguirse un cambio creativo que va de unas primeras historias más contenidas y divididas en fragmentos marcados y reconocibles (herencia de su publicación original seriada en formato revista) a largas sagas como El País Qa y Shaïgan cuyas entregas se revelan como una única historia dividida en capítulos. Asimismo, y para explorar el vasto mundo creado para la serie, los autores no dudan en dedicar ocasionalmente álbumes que vuelven hacia a la infancia del protagonista (El Hijo de las Estrellas) o ceden el protagonismo a personajes secundarios relegando al propio Thorgal a un papel testimonial (Alinoé o Aaricia, protagonizados por su hijo y esposa).


Tras 30 años y 29 álbumes en 2006, Van Hamme decidió poner fin a la saga con El Sacrificio, historia en la que Thorgal al fin logra la ansiada paz y cede simbólicamente el relevo a su hijo Jolan. Sin embargo, el éxito de ventas unido al deseo de Rosinsky de proseguir provocó que los editores pusiesen en marcha un nuevo ciclo a cargo del guionista Yves Sente comenzando con el álbum apropiadamente titulado Yo, Jolan para remarcar el cambio de protagonista. Asimismo y en paralelo a las nuevas aventuras de Jolan a partir de 2010 surgieron tres cabeceras agrupadas bajo el título de Los Mundos de Thorgal dedicadas respectivamente a Kriss de Valnor (a cargo de Sente y Giulio de Vita), Loba (obra de Yann y Roman Surzhenko) y a la juventud de Thorgal (de nuevo con los citados Yann y Surzhenko). Una secuela y tres spin-offs a cargo de otros autores –a los que hay que añadir la ocasional colaboración del guionista Xavier Dorison- que, manteniendo el respeto hacia su predecesor, han sabido encontrar su propia personalidad y ofrecer un elevado nivel medio de calidad que no empaña la reputación de una de las obras más fascinante y originales del cómic europeo.


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