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Frankenstein de Bernie Wrightson: Amor por la criatura

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 14/09/2019
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Hace dos años y medio despedíamos a Bernie Wrightston, emblemático dibujante norteamericano vinculado principalmente al género del terror con una trayectoria profesional que abarcaba cinco décadas. Co-creador de La Cosa del Pantano, dibujante estrella de cabeceras como Creepy o Eerie, ilustrador de títulos como Batman: The Cult, colaborador habitual de Stephen King en diferentes medios… entre las muchas obras de sus trayectoria profesional hay sin embargo una que sobresale. No solo por su calidad intrínseca sino también por la fuerte vinculación a nivel personal que el dibujante sentía por la misma. Es el caso de su adaptación de Frankenstein, la novela de Mary W. Shelley por la que Wrightson sentía una autentica pasión que le hizo volver sobre la misma varias veces a lo largo de su carrera. La última de ellas en forma de una miniserie que se ha convertido en su obra póstuma.


El primer acercamiento profesional del autor a la novela de Shelley data del mismo inicio de su carrera, cuando a mediados de los años sesenta fue contactado por una editorial que deseaba realizar adaptaciones en cómic de grandes obras literarias. Wrightson acabó encargándose de realizar la de Frankenstein pero cuando apenas había dibujado un par de páginas el proyecto fue cancelado. Pese al fracaso la idea quedó implantada en su cabeza durante años debido a la afinidad que el dibujante sentía por la historia y su criatura protagonista. Tanta que hacia 1974 comenzó a realizar una serie de detalladas ilustraciones a toda página que reproducían distintos pasajes de la novela. Ilustraciones en blanco y negro realizadas a lápiz y tinta con un nivel de detalle tan intrincado como espectacular y en las que el dibujante redefinió por completo la estética de la criatura volviendo a la base original.


Descartando todas las representaciones gráficas y cinematográficas precedentes e inspirándose únicamente en las descripciones de Shelley, su monstruo de Frankestein mostraba un impactante look donde destaca su gran tamaño, su rostro cadavérico y el fuerte contraste entre su piel extremadamente pálida y su larga y oscura cabellera. Tomando como referencia a ilustradores literarios de finales del siglo XIX y principios del XX, durante los siete siguientes años Wrightson produjo casi cincuenta láminas que realizó en sus ratos libres entre trabajo y trabajo. No era un encargo. Nadie le pagaba por ello. Y aún así dedicó un gran esfuerzo en pulir cada imagen simplemente por el puro placer y admiración que le suponía un libro que conoció en su adolescencia tras un primer contacto durante su niñez gracias a las películas de la Universal y que consideraba imposible de adaptar a otro medio sin perder por el camino parte de sus virtudes.


Sin embargo en 1983, tras quedar impresionados con la calidad de su trabajo, los editores de Marvel le hicieron una oferta que no podía rechazar: la de editar una versión en prosa de la novela acompañada por la reproducción de sus láminas. El resultado, editado en 1983, fue alabado por muchos como la versión gráfica definitiva de la criatura y adquirió aureola de culto para los aficionados al género fantástico que quedaron impactados por la fuerza de las ilustraciones. Entre estos últimos destaca el realizador mexicano Guillermo del Toro, quien a mediados de los 2000 llegó a plantear una nueva versión cinematográfica de la novela partiendo de los diseños de Wrightson con el actor Doug Jones encarnando a la criatura.

La película no sucedió (cosa tristemente habitual en el realizador) pero su anuncio, así como la reedición de la adaptación ilustrada con motivo de su 25º aniversario por parte de Dark Horse en una lujosa versión en gran formato, volvieron a encender la chispa de la inspiración en el dibujante, quien comenzó a dar vueltas a una historia sobre el destino de la criatura tras la conclusión de la novela original. Para dar forma a la misma, Wrightson recurrió al guionista Steve Niles, escritor con amplia experiencia en el género y con quien había desarrollado una buena sintonía creativa en varios proyectos previos.


Editada por IDW Frankenstein ¡Está vivo! (Frankenstein Alive, Alive! en el original) comenzaría a publicarse en 2012. Los problemas de salud del dibujante (a la dermatitis y la lesión de muñeca que afectaba progresivamente a sus manos se unía el cáncer que finalmente acabó con su vida) ralentizaron el ritmo de la publicación durante varios años. Pero nada podía detener este nuevo proyecto de pasión de su autor que ofrecía aquí unas ilustraciones en perfecta sintonía con las creadas décadas atrás en forma de páginas espectaculares que recogían la angustia y la soledad del protagonista en esta suerte de secuela en formato cómic.


Desgraciadamente la convalecencia y posterior fallecimiento del autor solo le permitieron completar tres de los cuatro números previstos, siendo Kelley Jones (Sandman, Batman: Vampiro) el encargado de finalizar la última entrega tras haber sido elegido personalmente para ello por el propio Wrightson poco antes de su muerte. Jones, otro dibujante muy ligado al género del horror y las estéticas siniestras, asumió la difícil tarea de meterse en los zapatos de uno de sus maestros para completar un trabajo sumamente personal salvando más que dignamente semejante papeleta. El resultado, recién editado en España por Planeta Cómic, es una joya que se convierte en el espléndido colofón de la trayectoria de un maestro, transmitiendo la pasión de su principal artífice por una obra (y todo un género) de forma contagiosa.


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