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Daredevil: Día gélido en el infierno

Soule regresa al personaje para proponer su particular “old man”

Un artículo de José María Pérez Cuajares - Introducido el 22/05/2026

Como nos cuenta la introducción de esta miniserie, cuando el guionista Charles Soule y el dibujante Steve McNiven finalizaron “la muerte de Lobezno”, dejaron abierta la puerta a nuevas colaboraciones, aunque el proyecto tardó en concretarse. El motivo, la forma en la que querían que su siguiente colaboración se plasmase. Partiendo de una historia concebida por ambos, las bases quedarían sentadas, pasando a McNiven la tarea de plasmarla en dibujos, siempre con el concepto urdido por ambos como referente, pero con una libertad prácticamente absoluta a la hora de transformarlo en viñetas. Una vez acabada esta labor, y entintado y coloreado, la pelota volvía al terreno de Soulé, que añadía los diálogos. Una forma curiosa de plantear una historia crepuscular de Daredevil, que ahora nos llega en un tomito en tapa blanda, que contiene los tres números de la serie.

En un futuro indefinido, Nueva York aparece como una ciudad que se recupera aún de las heridas sufridas no solo por la ciudad, sino por la mayor parte de los Estados Unidos, que han vivido una gran guerra, de la que conocemos pocos detalles, pero tras la cual ha quedado parcialmente destruida. El paso del tiempo también ha dejado mella para nuestro protagonista, no solo porque lo veamos aquí como un anciano, sino porque sus poderes han llegado a desvanecerse con el paso de los años, como si su organismo hubiera normalizado la sustancia que un día le envenenó, perdiendo sus agudizados sentidos. Una explosión en el metro de la ciudad liberará un extraño gas que le devolverá sus habilidades, permitiendo que se encargue una última vez de la amenaza que se le presenta.

Destaca de esta historia el uso que Soulé hace de los personajes, sobre todo en el caso del castigador, del que aquí no desvelaremos mucho, y del villano principal, un Bullseye que apenas se tiene en pie, al que alimenta una desmesurada sed de venganza. Sin desvelar nada, la aparición de Elektra en las páginas del tomo es suficiente motivo para llevarse a casa el tomo, y es que McNiven logra mezclar su estilo con el de Frank Miller para ofrecernos todo un festín para la vista. Dispuesto a hacer que su regreso a las librerías sea todo un acontecimiento, el dibujante llena cada página de una gran cantidad de viñetas, repletas de detalles que ponen el foco en las habilidades de Matt, el daño infligido al Castigador, o las expresiones de los distintos personajes.

Aunque se trata de una historia de corta extensión, el tomo se completa de abundantes extras, entre los que destaca el proceso creativo seguido por los autores, una auténtica delicia en la que podemos disfrutar del gran trabajo que ofrece un pletórico Steve McNiven.

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