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DC Must-Have - Superman-Batman: Supergirl

El nuevo origen de Supergirl… Y van…

Un artículo de José María Pérez Cuajares - Introducido el 16/08/2026

Jeph Loeb tiene un don curioso: coger a dos titanes del universo DC, sentarlos en la misma viñeta y hacer que piensen en voz alta el uno sobre el otro como si fueran dos abuelos cotillas en un banco de parque. Ese truco, que ya había explotado en la primera tanda de Superman/Batman, alcanza aquí su versión más redonda, porque Jeph Loeb aparca los enredos corales de la primera etapa y se centra en una sola pregunta: quién es la chica que ha caído del cielo y por qué Batman la encuentra antes que nadie. El resultado es la reintroducción de Kara Zor-El en la continuidad moderna, después de años de sucedáneas con su nombre (Matrix, Linda Danvers, Cir-El, para quien lleve la cuenta), y Panini lo rescata ahora dentro de su colección DC Must-Have.

El arranque es puro gancho de acción cuando un asteroide de kryptonita aparece en el fondo de la bahía de Gotham y Batman baja a investigar el suceso topándose con una nave incrustada en la roca, cubierta de símbolos kryptonianos y una adolescente dentro que habla un idioma que nadie entiende, y que resulta tener una fuerza parecida a la del propio Superman. A partir de ahí la propuesta se convierte en un tira y afloja por saber quién se queda con la chica: Superman quiere reconocer en ella a su prima perdida, Wonder Woman prefiere ocultarla del mundo mientras aprende a controlar sus poderes en Themyscira, y hasta Darkseid y sus Furias Femeninas meten las narices en el asunto, porque en el universo DC nadie deja pasar a una kryptoniana sin explotar.

Lo de menos, honestamente, es la trama. Jeph Loeb escribe un guion funcional, ligero de sorpresas y con ese vicio suyo de hacer que Superman y Batman filosofeen en paralelo sobre lo mismo, recurso que aquí funciona mejor que en otras ocasiones porque sirve para marcar dos formas opuestas de entender la responsabilidad: la confianza ciega del primero frente a la desconfianza calculada del segundo. El tomo no busca la profundidad de otras colaboraciones del guionista, y tampoco lo pretende; es entretenimiento de superhéroes en su vertiente más blockbuster, sin complejos ni disculpas.


Lo que de verdad sostiene la propuesta, y por lo que merece la pena volver a ella cuarenta años después de su publicación original, es el dibujo de Michael Turner. Cada página es una postal: splash pages descomunales, un Batman que emerge del agua como si fuera una criatura del averno, una Supergirl dibujada con una elegancia que no cae en la hipersexualización tan habitual en el género, y un Superman que parece tallado en mármol. El colorista Peter Steigerwald acompaña con una paleta luminosa que potencia el efecto poster de cada plancha, y el conjunto se entiende mejor como un álbum de ilustraciones con hilo narrativo que como un cómic al uso, lo cual, tratándose de Turner, es el mayor de los elogios.

No es una obra maestra ni falta que le hace serlo: es un tebeo de superhéroes hecho para deslumbrar, y en eso cumple sin fisuras. Para los fans de Kara Zor-El, para los adictos al dibujo de Turner o simplemente para quien quiera un rato de acción kryptoniana sin más pretensiones, esta reedición es una compra que se hace sola.


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