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"Un tonto y su dinero duran poco juntos, amigo mío. Cómo llegaron a juntarse, ya de entrada... Ésa sí es una buena pregunta." Jensen, The Losers #2
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DC Black Label - Jenny Sparks

Un superhéroe endiosado atrapado en un bar y una mujer cansada de salvar el mundo

Un artículo de Javier Jiménez Jiménez - Introducido el 17/08/2026

Tom King ya no necesita presentación para nadie que lleve más de un par de años siguiendo el cómic de superhéroes americano. Su modus operandi sigue un camino muy concreto: coge un personaje secundario, lo mete en una habitación cerrada con sus traumas y deja que el lector aguante el pulso. Esta vez la elegida es Jenny Sparks, el Espíritu del Siglo XX que nació en el sello Wildstorm de la mano de Warren Ellis y Tom Raney allá por 1996 y que después brilló como líder de The Authority. Ahora, integrada del todo en el universo DC bajo el sello Black Label, la editorial la rescata del cajón de los personajes de culto para colocarla frente a una amenaza que no tiene nada que ver con puñetazos: un Capitán Atom que se cree un dios y decide encerrarse en un bar con un puñado de desconocidos mientras el planeta contiene la respiración.

Y el planteamiento engancha, aunque recuerda vagamente a cierto episodio de Sandman que pone los pelos de punta con solo recordarlo, ya que un ser cuántico capaz de reiniciar el universo con solo desearlo, rehenes sin ningún poder especial y una mujer inmortal, cínica y fumadora compulsiva que es la única capaz de hacerle entrar en razón son ingredientes que prometen un viaje original e inesperado. King convierte ese bar en un auténtico laboratorio de tensión, dejando que los silencios pesen tanto como los diálogos y que cada gesto de Atom parezca el principio del fin. La estructura, dividida entre el presente asfixiante del bar y los flashbacks de Jenny repasando el siglo que le ha tocado vivir -la gripe de 1918, las dos guerras mundiales, el 11-S, la crisis del 2008, la pandemia-, logra que el lector conecte los traumas históricos con los traumas personales del personaje de una forma que se queda pegada bastante después de cerrar el tomo.

Es cierto que King recurre a sus herramientas de siempre -la narración descomprimida, el silencio como sustituto de la acción, la vuelta una y otra vez sobre la misma idea— y que quien ya conozca bien su forma de trabajar reconocerá el patrón enseguida. Pero cuando ese estilo encaja, y aquí encaja más veces de las que falla, el resultado es de una intensidad rara en un cómic de superhéroes. La propia Jenny, además, gana enteros según avanza la lectura: puede que al principio quede algo eclipsada por un "villano" fascinante en su fragilidad divina, pero el retrato que King construye de ella, arisca, deslenguada y con un siglo entero de mala leche acumulada, termina imponiéndose con fuerza.

Lo que sostiene el tomo de principio a fin, sin discusión posible, es el trabajo de Jeff Spokes, un nombre nuevo para la mayoría que aquí se descubre como un dibujante espectacular, gracias a sus composiciones de página que respiran, expresiones naturalísimas y un uso del color que convierte ese bar cerrado en un escenario casi teatral, opresivo y precioso a partes iguales.

Al final queda un volumen que premia la paciencia: la propuesta pide entrega, sí, pero devuelve con creces esa inversión en forma de atmósfera, personajes rotos y un dibujo que por sí solo justifica la compra. Si eres fan de King, aquí tienes otra ración de sus obsesiones favoritas en plena forma; y si aún no lo eres del todo, esta vuelta de Jenny Sparks, con Spokes iluminando cada página, es una excusa estupenda para acabar de convencerte.


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