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Batman: Patrones Oscuros #2

Horrores de Gotham

Un artículo de Redacción - Introducido el 17/08/2026

Es cierto que Dan Watters lleva ya un tiempo facturando algunos de los guiones más inquietos del catálogo de DC, ya sea deambulando por los infiernos particulares de Lucifer o regentado el destino de Nightwing, y en el título que nos ocupa ha encontrado el terreno perfecto para aplicarle su gusto por el horror psicológico al Hombre Murciélago. A su lado, Hayden Sherman, que ya venía pisando fuerte tras su paso por Absolute Wonder Woman o Dark Spaces: Incendio Forestal, cierra con Panini Comics una miniserie de doce números repartida en dos tomos, el segundo de los cuales culmina ahora una historia que, tenedlo por seguro, no admite lecturas sueltas: si no habéis pasado por la primera entrega, mejor id a por ella antes de seguir leyendo esto.

Porque la propuesta no repite fórmula. Si el primer volumen presentaba a un Batman primerizo, casi falible, más cerca del año cuatro que del héroe consagrado, esta segunda parte funciona como el momento en que ese detective se convierte, casi sin darse cuenta, en leyenda urbana. Watters juega con la idea de retrocontinuidad de Gotham sin recurrir a trampas ni a intrusiones forzadas, construyendo una especie de andamiaje filosófico que une el símbolo con la propia historia de la ciudad, y lo hace con la paciencia de quien sabe que el lector va a llegar hasta el final de todas formas.

Hay, además, una mente organizadora moviendo hilos que enlazan ambas sagas y que empuja al lector a buscar pistas por su cuenta, dejándole incluso ir por delante del propio Batman en algún tramo, algo que no es fácil de conseguir sin caer en la trampa fácil del giro barato. Sherman sigue dibujando esa Gotham de edificios altísimos y ventanas que parecen ojos, vigilando sin parecer que vigilan. El resultado es un tomo que diseca al detective para separarlo del espíritu vengador que Gotham necesita creer que existe, reflexionando sobre lo que cuesta, personal y colectivamente, sostener ese símbolo en pie.

Lo mejor de todo es que ni el guion ni el dibujo se ponen solemnes al abordar semejante materia. La colección mantiene ese tono noir, asfixiante y urbano que ya funcionaba de maravilla en el primer tomo, más cerca de Seven que de las grandes epopeyas con villanos grandilocuentes, y consigue que la reflexión sobre el mito no le reste ni un gramo de tensión a la trama.

Así que si os gustó el primer tomo, esta conclusión no solo está a la altura, sino que la supera. Y si por algún motivo todavía no habéis leído esta propuesta, corred a haceros con los dos volúmenes juntos, porque pocas veces se cierra una historia autoconclusiva de Batman con tanta cabeza y tan poca necesidad de golpes gratuitos. Watters y Sherman se han ganado a pulso un hueco entre lo mejor que ha dado el personaje en los últimos años, por supuesto que sí.


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