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test Marvel Deluxe – Masacre: Rey de los monstruos Comic Digital
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"Eres el mayor martillo del mundo. Pero un martillo puede usarse para abrir cabezas o construir casas." Starbrand / New Universal #4
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Marvel Deluxe – Masacre: Rey de los monstruos

Kelly Thompson corona al mercenario más impresentable de Marvel

Un artículo de Redacción - Introducido el 18/08/2026

Hay guionistas que llegan a un personaje con ganas de dejar su firma y otros que llegan con ganas de entenderlo, y Kelly Thompson pertenece claramente al segundo grupo. Con tres premios Eisner en su currículum (Black Widow, CURSIVA]It's Jeff! y Absolute Wonder Woman) y una trayectoria que incluye etapas tan queridas como Hawkeye o Captain Marvel, llegó al Mercenario Bocazas en plena forma creativa, y Panini Comics recopila ahora en un único volumen de su colección Marvel Deluxe los diez números que escribió del personaje. Un tomo que, por fin, saca del cajón una de esas etapas que se recuerdan con cariño aunque nunca tuvieran el tiempo que merecían.

La premisa es de una tontería genial, por otro lado, totalmente consecuente con la naturaleza de nuestro protagonista; contratan a Wade Wilson para acabar con el Rey de los Monstruos, una criatura que ha reclamado como territorio nada menos que Staten Island (ese barrio de Nueva York que todo el mundo menciona con desprecio y que aquí se revela, por fin, como el auténtico reino de lo monstruoso del Universo Marvel). El chiste geográfico se sostiene solo y Thompson tiene la elegancia de no explotarlo hasta la extenuación. El problema llega cuando Wade cumple el encargo y, por una antigua ley de la que nadie se molestó en leerle la letra pequeña, se convierte automáticamente en el nuevo monarca. Y ahí es donde el volumen deja de ser solo comedia y empieza a construir algo con más chicha, repleto de intrigas de corte, facciones enfrentadas, súbditos que dependen de él... Wade tiene que gobernar. Wade tiene que ser diplomático. Una verdadera pesadilla para el bueno de Wade, vamos.

El elenco que rodea al nuevo rey es uno de los grandes aciertos de la etapa. Elsa Bloodstone, cazadora de monstruos con la que Thompson ya había trabajado antes, aporta tensión, camaradería y un arco sobre la maldición de su familia que da al tomo su vena más emocional; Kraven el Cazador funciona como amenaza seria en un volumen que, por lo demás, no se toma nada demasiado en serio; y luego está Jeff, el tiburón de tierra, bebé, letal y absolutamente adorable, que Thompson trajo consigo desde sus páginas de West Coast Avengers y que aquí se consolida como uno de los personajes más queridos del fandom actual de Marvel (el bicho ha acabado hasta en videojuego, por si alguien duda de su tirón). La dinámica entre Wade y su mascota es puro alivio cómico entre tanta conjura palaciega, y funciona de maravilla.


Lo que distingue esta aproximación a Masacre de tantas otras es que Thompson se resiste a la tentación fácil: nada de convertirlo en una excusa para chistes de cuarta pared sin sustancia, que ya bastante se ha hecho de eso. Aquí el humor está al servicio de personajes con peso real y de una trama con principio y final pensados, aunque el final, todo hay que decirlo, llegó antes de tiempo, ya que, desgraciadamente, la serie se canceló y el último número tuvo que reconvertirse en tie-in del evento Rey de Negro, dejando algo de compresión narrativa perceptible en el cierre. Aun así, lo que queda tiene entidad propia de sobra. En el apartado gráfico, Chris Bachalo se encarga de la mayoría de los números y resulta la elección perfecta para tanto monstruo y tanto tentáculo (su estilo caótico y su paleta desbordante encajan como un guante), con Gerardo Sandoval, Irene Strychalsky y Kevin Libranda completando el reparto artístico en distintos arcos.

¿Para quién es esta propuesta? Para cualquiera que quiera entrar en el universo del personaje sin cargar con medio siglo de continuidad a la espalda, porque funciona como puerta perfecta. Para el lector habitual de Masacre, es un soplo de aire fresco con calidad suficiente para recordarlo años después. Y para quien conozca a Thompson solo por sus trabajos más serios, la ocasión perfecta de verla soltarse la melena sin perder el control del tono.


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