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Vatican City

Mark Millar convierte el Vaticano en el último búnker contra los vampiros

Un artículo de José María Pérez Cuajares - Introducido el 18/08/2026
Etiquetas: Vatican City / / / / Drama / Drama / Fantasía / Suspense /

Mark Millar es, para bien o para mal, uno de los tipos con mejor olfato comercial del cómic americano actual, y el acuerdo que firmó con Netflix hace ya casi nueve años sigue condicionando cada movimiento que hace desde entonces. El resultado de aquel pacto ha sido más bien discreto en pantalla, con adaptaciones como Supercrooks o Jupiter´s Legacy canceladas tras una sola temporada, pero eso no le ha impedido seguir generando conceptos vendibles como churros. Vatican City es el último de esa hornada: una miniserie de tres números publicada originalmente en Dark Horse Comics que ahora llega a nuestro país en un tomo único, con guion de Millar, dibujo de Per Berg y color de John Kalisz en esta edición recopilatoria.

La premisa es de las que se venden solas nada más leer la contraportada: un apocalipsis vampírico ha borrado del mapa a toda la humanidad excepto a los dos mil turistas que, por pura casualidad, se encontraban dentro de los muros de la Ciudad del Vaticano cuando empezó la masacre. Ni una vampira se atreve a cruzar esas reliquias sagradas, así que el lugar se convierte en el último refugio del planeta mientras fuera se acumulan millones de monstruos dispuestos a esperar el tiempo que haga falta. El punto de vista lo pone Guido Cavelti, un ex piloto suizo que llega a Roma el mismo día del colapso para una entrevista de trabajo como guardia papal que, por supuesto, nunca llega a producirse.

En el terreno del guion, la propuesta funciona con la eficacia habitual en Millar que plantea la premisa en pocas páginas, otorgando al relato un ritmo que no da tregua y una tensión que se sostiene sobre el enfrentamiento entre la horda vampírica y los supervivientes atrincherados en la basílica. Es terror de acción sin complicaciones, más cerca de un blockbuster palomitero que de cualquier ejercicio de sutileza, y ahí es donde el volumen cumple con lo prometido sin necesidad de reinventar nada.


El problema, si os empeñáis en buscar alguno y no le dais a esta lectura el objeto de puro entretenimiento con el que fue creada, llega con el apartado gráfico. El trabajo de Per Berg ha generado división entre quienes lo reseñaron al otro lado del charco, debido a sus viñetas con un acabado que a más de uno le ha sonado a boceto sin terminar, rostros poco definidos y una narrativa visual que no siempre acompaña la urgencia del guion. La paleta fría y las composiciones claustrofóbicas ayudan a sostener la atmósfera de asedio, pero cuesta no pensar que con un dibujante de mayor pegada el resultado final habría sido bastante más redondo.

Con todo, hay que reconocerle a Millar que en esta ocasión no asoma la egolatría que sí se aprecia en otras miniseries suyas, esas en las que uno diría que se retrata a sí mismo como el amo indiscutible del universo. Aquí se limita a mezclar sin pudor Asalto al distrito 13 con Abierto hasta el amanecer y a dejar que el concepto haga el trabajo sucio. Para los fans de Millarworld, la compra es prácticamente obligada; para quien se acerque sin más expectativas que pasar un rato de terror compacto y sin complicaciones, esta entrega cumple de sobra su cometido.


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