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Locke & Key: los mundos tras la cerradura

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 20/05/2012

En mi pasado resumen por el interesante catálogo editorial de IDW se me olvidó hacer mención a una de sus cabeceras más interesantes y originales: Locke & Key, serie que poco a poco y sin grandes fastos se ha revelado como una de las más disfrutables de la actual oferta del cómic yanqui.



Creada y escrita por el novelista Joe Hill (El traje del muerto, Fantasmas), Locke & Key recupera uno de los subgéneros clásicos del terror -el de las casas encantadas- para realizar todo un lavado de cara al mismo. En sus páginas se narran las peripecias de la familia Locke, recién mudados a la localidad de Lovecraft, Massachusetts para pasar página después de una tragedia familiar. Pronto se hará patente para los hijos de la familia (los adolescentes Tyler y Kinsey y el pequeño Bode) que la vieja y misteriosa casa familiar donde se crió su difunto padre esconde peligrosos secretos a los que se accede mediante el uso de unas llaves muy peculiares escondidas por todo el lugar. Espectros, criaturas del averno, asesinos dementes, intrigas centenarias… son sólo algunos de los elementos fantásticos que se dan cita a lo largo de la trama y que Hill sabe fusionar con las angustias de la adolescencia, la inocencia de la infancia, los horrores y miserias del mundo real o la tristeza y remordimientos por la pérdida de un ser querido.



Hill consigue unir el horror más gótico y místico -el nombre de la ciudad no es casual- con la realidad cotidiana que todos conocemos, haciendo que ambos registros se refuercen entre sí con una eficacia que nada tiene que envidiar a la de su padre, el archifamoso Stephen King. En realidad podría decirse que Locke & Key casi pertenece al género del terror por casualidad ya que, de forma parecida a Los Muertos Vivientes, el escritor no busca orquestar un festival de sobresaltos con las diferentes habilidades sobrenaturales que proporciona cada llave o los oscuros planes de ese extraño y cambiante ser que esconde en el fondo del pozo. Lo que de verdad le interesa es explorar la personalidad de unos personajes llenos de virtudes y defectos en los que todo el mundo puede reconocerse y ver cómo interactúan. El dibujo corre a cargo del chileno Gabriel Rodríguez, habitual de la cantera de IDW, cuyo trazo limpio y próximo al estilo cartoon no es a priori la opción más adecuada. Sin embargo, pese a esa extrañeza inicial, sus lápices aportan un dinamismo y una expresividad a los personajes que vienen al pelo para las intenciones del guionista.



Planificada como una historia cerrada, Locke & Key consta de un total de seis partes, cada de las cuales está formada por una miniserie de seis números. A punto de terminar la quinta en EE.UU, la serie se ha convertido en todo un fenómeno gracias a la habilidad de Hill y Rodríguez para tejer un misterio que deja con ganas de más al final de cada entrega y a unos personajes que rápidamente se ganan el corazón del lector que se acerque a la cabecera. Quizás de haberse hecho realidad aquel proyecto de serie televisiva (que, pese a contar con el respaldo del mismísimo Steven Spielberg, no pasó del episodio piloto) Locke & Key tendría la repercusión mediática que realmente merece. En su lugar ha de contentarse con el boca a boca entre los aficionados que saben que, en un mercado saturado por los superhéroes, una historia de terror original y diferente es algo que no se puede dejar pasar de largo.


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