#1: Angustia

Cualquiera recuerda aquel extraño film en el que el protagonista tenía la malsana costumbre de hacer estallar cabezas ajenas con el poder de su mente.
Poco a poco, sin embargo, Cronenberg empezó a desmarcarse de los múltiples corsés en los que Hollywood podría haber metido su creatividad.
Sus películas empezaron a hacer gala de una originalidad extrema y de unas simas psicológicas de profundidades perturbadoras. De esta manera, más allá de la forma muchas veces poco pulida, empezaba a brillar un fondo en el que chapoteaba una angustia desde la que nacerían la mayoría de los sus proyectos. Buena prueba de ello es la atmósfera enrarecida de ‘Inseparables’ (1988), el existencialismo alucinado de ‘El almuerzo desnudo’ (1991) o la claustrofobia psico-patológica de su último trabajo antes del que nos ocupa, ‘Spider’ (2002).
#2: Ciencia y tecnología

‘Videodrome’ (1982) resultó ser un perfecto compendio de las inquietudes tecnológicas de Cronenberg. Hay quien catalagó este film como ‘La naranja mecánica’ de los 80, seguramente debido a que ambos son análisis de un problemática creciente: la violencia social y la mediática. Pero como en todo buen paciente, las patologías de este director se trenzan de forma complicada. ‘Videodrome’ es una buena muestra de ello, donde el protagonista acaba asistiendo, perplejo, al nacimiento en su pecho de una ranura de video muy similar a una vagina. De forma mucho más académica y cientifista, David Cronenberg puso bajo su particular microscopio el problema de las mutaciones genéticas con ‘La Mosca’ (1986).
