Tras trabajar con Akon, ¿dónde te ves más cómoda, en América o España?
Yo no estoy a gusto en España, ni en América. Soy ciudadana del planeta Tierra, para mí no hay frontera. Odio las fronteras y decir que soy española. Me gusta definirme como terrícola. No me importa de dónde seas, sino que me demuestres lo que tienes y enseñármelo.
¿Qué tiene Dirty que no tengan tus otros ejemplares?
Más consciencia. He madurado sabiendo quién soy y de dónde vengo, y eso te enriquece. Detesto hablar por hablar sin sentido, aunque quede bien, pero me gusta indagar sobre mí y encontrarme.
Hablabas antes de las mujeres en el rap. Este disco es muy femenino.
Sí, tengo una colaboración de Estrella Morente y es cierto que en varios momentos de mi vida he tenido que sacar mi vena femenina.
Y, ¿con quién te gustaría grabar un dueto y que veas casi imposible?
Lo tengo clarísimo, con Lauryn Hill. Me muero por conocerla y hablo mentalmente todos los días con ella. No hay nadie ahora mismo en el panorama musical que le llegue a la suela de los zapatos. Tiene música, voz, letra y energía. Todo.
¿Con qué te sientes más identificado de todo lo que baña el rap?
Su primera época, porque me encanta. Eso de ver a los raperos con chándal grande y rojo era como verlos arder. Todos tenían algo que contar diferente al resto de escenas, eran más auténticos. Hoy, todo eso ha cambiado y la gente es graciosa, pero no directa. Comprenden que las rimas fáciles del tipo ‘porque tú me dijiste en el myspace tal y cual…’ es gracioso, pero nada atrevido.
Tengo entendido que no te importaría quemar todo lo obsoleto.
Claro que sí.
¿Qué está obsoleto para ti y qué es innecesario?
Esta silla, esta mesa, esta lámpara, una señal de tráfico, un coche…
Pero, entonces, ¿nos quedamos sin nada para vivir?
Sueño con un mundo evolucionado en el que la gente sea creativa y lo comparta. Me gustaría que los medicamentos fueran todos naturales y que no tuvieran que abrirte partes de tu cuerpo para curar enfermedades. En el que sólo con una mirada y energía positiva nos podamos curar.
Pero eso es imposible.
No. Tú, que eres un escéptico. Hay que creer.
¿Puede que esa sea una de las razones por las que vivas tan alejada de ciudad?
No, yo siempre he sido de pueblo, una chica sencilla. De hecho, Dirty Bailarina podría haberse titulado, perfectamente, Dirty ‘Pueblerina’. Siempre me ha encantado estar en contacto con la naturaleza. Eso no quita que la suciedad y los codazos en las calles de Madrid me atraiga, pero la tranquilidad de Sevilla, la cervecita tomando el sol, también me gusta. Soy más tranquilita que otra cosa, y la gente que me conoce sabe que no necesito drogas para nada.
Te leí en una entrevista que tú eras única y con sabor diferente. ¿A qué sabe la Mala?
Todos sabemos de manera diferente. No sé a qué, pero dependiendo del momento a melocotón, chicle de fresa ácida o a aceituna.
Yo no estoy a gusto en España, ni en América. Soy ciudadana del planeta Tierra, para mí no hay frontera. Odio las fronteras y decir que soy española. Me gusta definirme como terrícola. No me importa de dónde seas, sino que me demuestres lo que tienes y enseñármelo.
¿Qué tiene Dirty que no tengan tus otros ejemplares?
Más consciencia. He madurado sabiendo quién soy y de dónde vengo, y eso te enriquece. Detesto hablar por hablar sin sentido, aunque quede bien, pero me gusta indagar sobre mí y encontrarme.
Hablabas antes de las mujeres en el rap. Este disco es muy femenino.
Sí, tengo una colaboración de Estrella Morente y es cierto que en varios momentos de mi vida he tenido que sacar mi vena femenina.
Y, ¿con quién te gustaría grabar un dueto y que veas casi imposible?
Lo tengo clarísimo, con Lauryn Hill. Me muero por conocerla y hablo mentalmente todos los días con ella. No hay nadie ahora mismo en el panorama musical que le llegue a la suela de los zapatos. Tiene música, voz, letra y energía. Todo.
¿Con qué te sientes más identificado de todo lo que baña el rap?
Su primera época, porque me encanta. Eso de ver a los raperos con chándal grande y rojo era como verlos arder. Todos tenían algo que contar diferente al resto de escenas, eran más auténticos. Hoy, todo eso ha cambiado y la gente es graciosa, pero no directa. Comprenden que las rimas fáciles del tipo ‘porque tú me dijiste en el myspace tal y cual…’ es gracioso, pero nada atrevido.
Tengo entendido que no te importaría quemar todo lo obsoleto.
Claro que sí.
¿Qué está obsoleto para ti y qué es innecesario?
Esta silla, esta mesa, esta lámpara, una señal de tráfico, un coche…
Pero, entonces, ¿nos quedamos sin nada para vivir?
Sueño con un mundo evolucionado en el que la gente sea creativa y lo comparta. Me gustaría que los medicamentos fueran todos naturales y que no tuvieran que abrirte partes de tu cuerpo para curar enfermedades. En el que sólo con una mirada y energía positiva nos podamos curar.
Pero eso es imposible.
No. Tú, que eres un escéptico. Hay que creer.
¿Puede que esa sea una de las razones por las que vivas tan alejada de ciudad?
No, yo siempre he sido de pueblo, una chica sencilla. De hecho, Dirty Bailarina podría haberse titulado, perfectamente, Dirty ‘Pueblerina’. Siempre me ha encantado estar en contacto con la naturaleza. Eso no quita que la suciedad y los codazos en las calles de Madrid me atraiga, pero la tranquilidad de Sevilla, la cervecita tomando el sol, también me gusta. Soy más tranquilita que otra cosa, y la gente que me conoce sabe que no necesito drogas para nada.
Te leí en una entrevista que tú eras única y con sabor diferente. ¿A qué sabe la Mala?
Todos sabemos de manera diferente. No sé a qué, pero dependiendo del momento a melocotón, chicle de fresa ácida o a aceituna.
