Incluso, existen al respecto muchos momentos en que los amigos de Max se comportan directamente como adultos, dejando al margen al niño. Tienen reacciones entre ellos típicas de mayores…

SJ: ¿Estás seguro? Yo creo que todas las relaciones que plantea la película podrían ser aplicables a los niños. Lo que pasa, quizás, es que hemos idealizado la infancia, la hemos limitado a una serie de lugares comunes agradables. Pero hasta los momentos aparentemente más tensos, esos momentos de pelea medio en broma y medio en serio, esas tiranteces entre seres que se quieren pero no pueden estar juntos, son vivibles por un niño, pueden empatizar con ellas. Estamos hablando del acto de socializar, de entablar relaciones con los demás e interaccionar con el mundo, y eso no tiene edad, arranca de pequeños y no termina de aprenderse en toda una vida.

Hablábamos antes de escapismo y diversión, ¿Qué es lo mejor y lo peor de rodar con un niño? ¿Hay que tirar en muchas ocasiones del escapismo y la diversión?

SJ: Curiosamente, lo que he descubierto trabajando con Max ha sido que no eran tan necesarias ni una cosa ni otra. Al contrario, su compromiso con la película ha sido tan serio que a veces impresionaba, obligaba a tranquilizarle para que no le pesara ser el protagonista absoluto de lo que contábamos. Su apoyo, su implicación, la fuerza de su imaginación, eran una fuerza tan inspiradora como inquietante. Si algo he tenido que hacer en muchos momentos ha sido hacerle ver que Donde viven los monstruos no dependía de él, que había otros muchos factores en juego y que podía relajarse. Me habría sentido muy culpable si se hubiese ido a casa con todo el peso de la película sobre sus espaldas… En principio le elegí porque, como se puede apreciar, es un encanto [risas]; pero, una vez empezamos a calibrar las pruebas de cámara, no solo me fascinó su capacidad para ser él mismo, para ser natural y no fingir como hacen algunos niños que pretenden ser actores. Lo más curioso es que, además de esa naturalidad, su rostro posee un potencial reflexivo, introspectivo, muy grande, que luego confirmó su actitud durante el rodaje.

MAX RECORDS [interrumpiendo a Jonze]: No me sentí así en ningún momento. Fue todo muy divertido. Para mí Spike ha sido un amigo. Casi un segundo padre al que no viese todo lo que querría. Siempre me pareció que sabía todo lo que deseaba de la película, aunque al mismo tiempo tenía mil ideas, variantes, que podían hacerla mejorar. Y las probaba todas de manera que te sentías parte de ello. Nunca me dijo, “aquí haces como que hay una explosión, aquí haces como que ves un monstruo”. Jugaba conmigo, interpretaba conmigo lo que le pasaba a Max, y de repente uno descubría que eso formaba parte del rodaje.

Ya que Max se ha animado a hablar [risas], sería interesante conocer su opinión acerca de lo que es Donde Viven los Monstruos. Porque estamos hablando siempre de interpretaciones psicológicas, filosóficas, abstrusas y, al fin y al cabo, Max es prueba viviente de lo que un niño puede pensar de la película.

MR: No lo sé… es una especie de ventana a la imaginación de un niño. A la imaginación de cualquiera. ¡No lo sé! [risas].