En la vida de los veteranos del videojuego -incluyendo a muchos profanos que también cayeron en sus garras- hay un lugar para el emotivo recuerdo a los días de contienda en la palestra del Street Fighter 2.
Un producto que cosechó grandes éxitos durante varios años (ayuda de conversiones y secuelas mediante) no podía quedar sin representación en la máquina que combina funciones de museo digital y entretenimiento de bolsillo.
Y por debida gratitud a su nombre, es prácticamente inevitable volver a intentarlo... y volver a caer en su halo de adicción.
Su valor es inversamente proporcional a la publicidad que se le ha hecho, y es que en estos duros tiempos de largas esperas, parece que un juego del que no se oye hablar con un año de antelación no tiene nada que hacer en los puestos altos de las clasificaciones de ventas.
Pues bien, aquí está GTA3 para demostrar que de eso nada: hay un número uno, y va a demostrarlo sin necesidad de fuegos de artificio.
Aquí está otra vez, adentrándose en el soporte idóneo para albergar joyas añejas. Gradius llega a la GBA con las alteraciones suficientes para rearmar el interés de un producto cuyo origen lo está en el génesis mismo del videojuego.
Denzel Washington y Ethan Hawke patrullando por las calles. ¿Película de coleguitas que se enfrentan a las mil y una adversidades con tan sólo su virilidad, buen humor y oportunos sarcasmos?
Más bien no.
Simbólico como lo ha sido el cerrojazo a Dinamic en España, SNK nos da otra triste muestra de como elevar fábricas de sueños a grandes negocios ha acabado por comerse a grandes marcas.
Las críticas, no fueron excesivamente generosas. Tampoco lo fue la recaudación.
Final Fantasy volverá a ser sólo un videojuego, se quedará en el terreno donde es permanentemente alabado y hará cierta aquella frase: zapatero, a tus zapatos.
El rumor se había ido extendiendo desde hacía unos meses, pero la triste noticia está confirmada. Paco Menendez, la mente privilegiada que nos dió la mayor gloria del software español clásico (La abadía del crimen, 1988) ha fallecido convirtiendo su obra magna en un recuerdo imborrable de su ingenio.
Manida la introducción que habla siempre de Esto Es Fútbol como el tercero en discordia, Sony y su Team Soho siguen erre que erre con su fijación de tocar a los intocables.