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Peter Bagge: crónicas desde la carcajada.

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 20/06/2012

Cuando uno piensa en el comic independiente americano existe una impresión generalizada (fomentada incluso por varios autores) de cierto elitismo. El comic indie suele ahondar en temas cotidianos, enfoques intimistas, personajes marginales y mensajes de cierto contenido social y/o político (lo que los entendidos llaman slice of life). Nada que objetar al respecto excepto cuando ese afán por lo trascendente acaba siendo pura prepotencia, haciendo que muchos autores se olviden de entretener mientras buscan el sentido de la vida en el humo de un cigarrillo. Por suerte Peter Bagge es todo lo contrario.



Perteneciente a la nueva ola del comic independiente (Daniel Clowes, Seth Fisher, Charles Burns, etc) Bagge empezó en el mundo de la viñetas de manos de su ídolo, el pope del comic underground Robert Crumb, para cuya revista Weirdo ejerció como editor además de publicar alguna de sus primeras historietas. A mediados de los 80 estrena en Fantagraphics su propia cabecera: Neat Stuff (Mundo Idiota en España). En esta antología de historias cortas aparecían personajes como Girly-Girl (culmen del arquetipo de niña repelente), Junior (estirado y retraído chico mimado), Studs Kirby (un locutor radiofónico de genio volcánico) o los Bradley (parodia del tópico televisivo de la familia americana) entre otros. Ya en estos primeros trabajos Bagge presenta lo que serán las constantes de su obra: un ojo crítico para las contradicciones del estilo de vida norteamericano y captar el ambiente y la cultura urbana modernas, un dibujo exagerado y enormemente expresivo propio de un cartoon de Tex Avery (incluido un inventivo uso de las onomatopeyas), una gran debilidad por los personajes excéntricos y un sentido del humor acido y sin concesiones.



Llegados los 90 publica Odio. Tomando como protagonista a Buddy, el hijo mayor de los Bradley, Bagge narra las desventuras personales y profesionales de un veinteañero cínico y desencantado en las calles de Seattle junto a un reparto sin desperdicio que incluye al colega tirado y alocado (Apestoso), la novia excéntrica y paranoica (Lisa) y el intelectual y rarito compañero de piso (George). A través de Buddy el autor describe las inquietudes y dificultades de un joven cualquiera para desenvolverse en el moderno mundo occidental. La diferencia es que, sin dejar de hablar de temas trascendentes (la madurez, la responsabilidad, las relaciones) Bagge consigue darle a esta temática un enfoque humorístico (reforzado por un estilo grafico casi caricaturesco) que da pie a situaciones tan marcianas como hilarantes. Baste decir que, a título personal, la historia Cumple tus sueños (donde Buddy y Apestoso montan un grupo musical) me provocó tal carcajada que desde entonces la uso como antidepresivo.



A lo largo de los 90 Odio siguió publicándose a un ritmo irregular, evolucionando en contenido (Buddy iba creciendo y madurando en paralelo a la vida de Bagge) y forma (pasando del B/N al color) hasta su conclusión tras treinta números con la boda y futura paternidad del protagonista. No obstante, la repercusión del personaje fue tanta que desde entonces Bagge lo ha retomado mediante historias cortas de periodicidad anual. Convertido ya en un autor de prestigio, Bagge empezó a realizar otros proyectos para editoriales comerciales como Yeah! –ciencia ficción con un toque feminista dibujada por Jaime Hernandez- o Sudando tinta -su visión de las interioridades de la industria del comic-. Incluso realizó dos especiales para Marvel, protagonizados por Spiderman y Hulk, donde se atrevía a llevar a su terreno a ambos personajes. En sus últimos trabajos como Apocalipsis friki -una historia de supervivencia postapocalíptica- u Other World -una crítica al mundo de internet y su impacto social- el humor sigue estando presente pero se aprecia un tono más dramático. Ojala no sea la señal de renuncia a la cualidad que le ha convertido en uno de los autores más interesantes del panorama.


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