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Marvel Essentials - Increíbles Spiderman y Lobezno Aventuras salvajes en tamaño bolsillo

Marvel Essentials - Increíbles Spiderman y Lobezno USA - 2025 Guionista:Jason Aaron Dibujante:Adam Kubert
Editorial:Panini Cómics -
168 páginas - color
Precio:9,99€
La reaparición de esta propuesta dentro del catálogo de Panini permite recuperar una obra que funciona perfectamente como recordatorio de un momento muy particular en la historia reciente de Marvel. Mientras la línea Essentials rescata sobre todo grandes eventos de la etapa moderna, esta miniserie destaca por otra razón: no pretende reescribir la continuidad ni fijar un hito editorial, sino recuperar el placer de leer un tebeo que entiende la acción y el desconcierto como motores narrativos legítimos. Su regreso en este formato invita a releerla desde una perspectiva distinta, más consciente de cómo ha cambiado el tono de la editorial en estos años y de cómo ciertos experimentos, con el tiempo, revelan aristas que entonces pasaron desapercibidas.
Revisitarla ahora devuelve sorpresas agradables. Jason Aaron, todavía lejos del peso institucional que luego representaría en Marvel, aborda a Spiderman y Lobezno no desde la complementariedad típica, sino desde la fricción identitaria: uno teme fallar a los suyos; el otro convive con la aceptación amarga de lo inevitable. La miniserie arranca de forma abrupta -en pleno Cretácico, a instantes del meteorito que cambiará la vida en la Tierra-, una entrada brusca que no busca explicación inmediata, sino establecer desde ya un pacto de lectura: este no es un viaje ordenado por causas, sino una deriva controlada por el pulso emocional de sus protagonistas. La obra se permite jugar con esa lógica, no para desentenderse de la trama, sino para construir un relato donde la improvisación es parte constitutiva del sentido.
Ese enfoque convierte la serie en una suerte de road movie temporal donde las piezas se articulan más por intensidad que por causalidad. Aaron, casi sin disimulo, persigue lo que mejor se le da: capturar la voz interna de sus personajes en medio del caos más estridente. La química entre Peter y Logan no nace de la camaradería, sino de la incomodidad; son dos figuras que chocan al enfrentarse a sus límites, y es precisamente ahí, en esa tensión, donde la historia encuentra un tono propio. Entre viajes temporales, variaciones absurdas de la realidad y diálogos que oscilan entre la vulnerabilidad y el cinismo, el guionista deja ver conceptos que años más tarde retomaría en proyectos tan polémicos como su cierre en Vengadores. Esta miniserie, sin proponérselo, funciona como laboratorio de ideas más amplio de lo que podría suponerse.
El trabajo de Adam Kubert, por su parte, es crucial para que el conjunto funcione. Su trazo nervioso y su habilidad para fragmentar la narrativa en secuencias que se encadenan de página en página aportan una energía que sostiene el desorden premeditado del guion. El dibujante esquiva la puesta en escena cómoda: rompe estructuras, altera ritmos, juega con la composición sin miedo a dejar respirar la página justo lo necesario. Es cierto que a veces sacrifica fondos en favor de la urgencia, pero esa decisión está alineada con el tono de la obra: un cómic que abraza el movimiento por encima de la minuciosidad. El resultado final es una pieza que, sin aspirar a la trascendencia, recupera el espíritu más genuino del cómic de superhéroes: ese en el que la sorpresa, la emoción y la imaginación desbordada no necesitan justificación para ser disfrutadas.
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