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Cheetah y Cheshire roban a la Liga de la Justicia

Dos villanas, un objetivo imposible: la Atalaya

Un artículo de Javier Jiménez Jiménez - Introducido el 16/08/2026

Greg Rucka vuelve a la casa que le vio crecer como uno de los grandes narradores de superhéroes, donde firmó etapas memorables de Wonder Woman, Batwoman o Checkmate, y lo hace acompañado de Nicola Scott, una de esas dibujantes que uno echa de menos cada vez que pasa un tiempo sin verla en las estanterías. Juntos firman Cheetah y Cheshire roban a la Liga de la Justicia, una miniserie que Panini lanza dentro de su línea DC One-Shot, colección que, dicho sea de paso, se está convirtiendo en una de las mejores formas de acceder a lo más interesante de la DC reciente sin pagar un ojo de la cara ni comprometerse a coleccionar media docena de cabeceras.

Y es que la premisa, por sí sola, ya funciona como reclamo: dos villanas de segunda fila, Barbara Ann Minerva, más conocida como Cheetah, maldita y transformada por un dios, enemiga eterna de Wonder Woman; y Jade Nguyen, alias Cheshire, asesina profesional y madre de la hija de Arsenal, deciden que ha llegado el momento de asaltar la instalación más segura del universo DC. Nada menos que la Atalaya, la plataforma orbital de la Liga de la Justicia, con su sistema de seguridad artificial, sus protocolos imposibles y, por supuesto, los héroes más poderosos e inteligentes del planeta esperando dentro. Para lograrlo necesitan un equipo, y ahí es donde la propuesta se pone realmente divertida: nada de megalómanos con delirios de grandeza, sino un grupo de inadaptados, marginales y segundones reclutados a dedo, cada uno con su propia razón (turbia, egoísta o directamente entrañable) para meterse en semejante lío.

Rucka firma aquí un guion de atraco clásico, con planificación, reclutamiento y ejecución, pero tiene la inteligencia de no dejar que la mecánica del género se coma a los personajes. Por el contrario, dedica buena parte de las páginas a construir la relación entre las dos protagonistas, con esa mezcla de compañerismo, desconfianza y mala baba que tan bien se le da escribir, y aprovecha cada recluta del grupo para asomarse a rincones del universo DC que rara vez tienen protagonismo propio. El resultado es una trama que avanza con paciencia en su arranque, sí, pero que va acelerando hasta convertirse en un ejercicio de tensión y comedia a partes iguales, sembrado además de un buen puñado de cameos que los lectores más avezados sabrán disfrutar sin que estos lastren nunca el ritmo del conjunto.


En el apartado gráfico, Scott hace gala de una versatilidad que pocos artistas del gremio pueden presumir: pasa sin despeinarse de retratar a nuestras villanas en plan colegas de piso a componer páginas corales con media Liga de la Justicia desfilando por el panel, Titanes incluidos. El color de Annette Kwok acompaña con inteligencia esa doble naturaleza de la obra, más cálido y terroso en el terreno de las protagonistas, más luminoso en cuanto entra en escena cualquier héroe de capa. Y hay que reconocerle a la dibujante un detalle que no es menor, ya que consigue que cada personaje, por secundario que sea, tenga una expresividad propia, un lenguaje corporal reconocible, lo cual en un reparto tan amplio como este no es poca cosa.

Si os gustan los atracos, las villanas con más carisma que la mitad del casting heroico y las miniseries que se leen del tirón sin dejar cabos sueltos, corred a vuestra librería. Cheetah y Cheshire roban a la Liga de la Justicia es de esas rarezas que demuestran que en el catálogo DC todavía queda sitio para contar historias distintas, con personajes distintos, y salir totalmente airoso del intento.


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