Cuéntanos un poco de la historia del grupo. ¿Cuándo se forma The Good Company, y qué pasos habéis seguido hasta ahora?
The Good Company empieza en Barcelona, cuando llegando de Canarias yo buscaba a una chica que cantara algunos temas. Contacté con una chica encantadora, que vino a casa acompañada. Luego no me gustó, pero su acompañante era Sergio Pueyo. Ahí empezó todo.
¿Por qué elegisteis ese nombre para el grupo?
Es una declaración de intenciones. Queríamos hacer música con un enfoque muy serio y comprometido, pero a la vez hacerlo con gente que nos llene y para gente que también nos devuelva algo. Por eso, cuando hay tensiones, nos gusta recordar que la buena compañía es más importante que la música.
¿Qué música habéis tenido zumbando a vuestro alrededor a lo largo de los años, para que salga como resultado vuestro sonido, sea influencia directa o indirecta?
Hay mucha tradición británica en los cimientos, pero creo que el grupo ha tomado muchas cosas del art-rock de los setenta, que permitía canciones con desarrollos más largos y pausados. Luego hay un componente emocional y quizás algo ambicioso que nos vienen de grupos como Wilco o Arcade Fire.
¿Cómo llegasteis a decidir el tipo de sonido que ibais a desplegar? ¿Cómo definiríais dicho sonido?
Nuestro sonido no vino como en otros casos de un local de ensayo, sino tras apilar capas y capas de texturas, descartando otras y guiándonos sólo por el oído. Al final creo que acabamos contentos con un sonido amplio, con detalles, pero que nunca pierda el componente rock. Últimamente lo llamamos “rock narrativo con carga emocional”. Creo que es evidente lo ridículo que puede sonar, pero vosotros nos hacéis jugar a esto (risas).
¿Cómo funcionáis a la hora de componer?
Las canciones surgen principalmente de forma muy espontánea, y en soledad. Habitualmente yo soy la fuente de ideas, y luego empezamos a construir. De cualquier modo, las entidades compositivas en este grupo están muy definidas, así que nos juntamos para comprobar si lo que hacemos vale o no.
¿Cómo ha sido el proceso de componer y de grabar el álbum?
El álbum se hizo en casa. Luego llamamos a Ricky Falkner y le pusimos en un aprieto: le dijimos que teníamos casi toda la producción hecha y que queríamos dos cosas: su toque mágico y su oído. El suele trabajar más desde la base, así que fue algo diferente para él. Fue fantástico tenerle cerca esos días.
¿En qué os habéis inspirado literariamente en las letras? ¿Qué temática o temáticas sobrevuelan el disco?
Las letras arrancan con la pérdida de la inocencia, y se mueven mucho en historias de huidas hacia delante, de búsquedas desesperadas de identidad. La temática de huir y de redimirse es clara en el disco.
Entonces, ¿es cierto que, como se apunta en la hoja de prensa, estamos ante una obra conceptual? ¿Cómo habéis estructurado dicho concepto?
Como te decía, el concepto surge de unir todos los estadios emocionales que nos llevan desde la pérdida de la inocencia hasta ese momento en el que tras perderlo todo, te reinventas, creando una pequeña revolución. Revolution es así el último tema y cierre del disco. El concepto es también el alto componente de bucle que tiene la vida. Nos repetimos mucho más de lo que pensamos.
The Good Company empieza en Barcelona, cuando llegando de Canarias yo buscaba a una chica que cantara algunos temas. Contacté con una chica encantadora, que vino a casa acompañada. Luego no me gustó, pero su acompañante era Sergio Pueyo. Ahí empezó todo.
¿Por qué elegisteis ese nombre para el grupo?
Es una declaración de intenciones. Queríamos hacer música con un enfoque muy serio y comprometido, pero a la vez hacerlo con gente que nos llene y para gente que también nos devuelva algo. Por eso, cuando hay tensiones, nos gusta recordar que la buena compañía es más importante que la música.
¿Qué música habéis tenido zumbando a vuestro alrededor a lo largo de los años, para que salga como resultado vuestro sonido, sea influencia directa o indirecta?
Hay mucha tradición británica en los cimientos, pero creo que el grupo ha tomado muchas cosas del art-rock de los setenta, que permitía canciones con desarrollos más largos y pausados. Luego hay un componente emocional y quizás algo ambicioso que nos vienen de grupos como Wilco o Arcade Fire.
¿Cómo llegasteis a decidir el tipo de sonido que ibais a desplegar? ¿Cómo definiríais dicho sonido?
Nuestro sonido no vino como en otros casos de un local de ensayo, sino tras apilar capas y capas de texturas, descartando otras y guiándonos sólo por el oído. Al final creo que acabamos contentos con un sonido amplio, con detalles, pero que nunca pierda el componente rock. Últimamente lo llamamos “rock narrativo con carga emocional”. Creo que es evidente lo ridículo que puede sonar, pero vosotros nos hacéis jugar a esto (risas).
¿Cómo funcionáis a la hora de componer?
Las canciones surgen principalmente de forma muy espontánea, y en soledad. Habitualmente yo soy la fuente de ideas, y luego empezamos a construir. De cualquier modo, las entidades compositivas en este grupo están muy definidas, así que nos juntamos para comprobar si lo que hacemos vale o no.
¿Cómo ha sido el proceso de componer y de grabar el álbum?
El álbum se hizo en casa. Luego llamamos a Ricky Falkner y le pusimos en un aprieto: le dijimos que teníamos casi toda la producción hecha y que queríamos dos cosas: su toque mágico y su oído. El suele trabajar más desde la base, así que fue algo diferente para él. Fue fantástico tenerle cerca esos días.
¿En qué os habéis inspirado literariamente en las letras? ¿Qué temática o temáticas sobrevuelan el disco?
Las letras arrancan con la pérdida de la inocencia, y se mueven mucho en historias de huidas hacia delante, de búsquedas desesperadas de identidad. La temática de huir y de redimirse es clara en el disco.
Entonces, ¿es cierto que, como se apunta en la hoja de prensa, estamos ante una obra conceptual? ¿Cómo habéis estructurado dicho concepto?
Como te decía, el concepto surge de unir todos los estadios emocionales que nos llevan desde la pérdida de la inocencia hasta ese momento en el que tras perderlo todo, te reinventas, creando una pequeña revolución. Revolution es así el último tema y cierre del disco. El concepto es también el alto componente de bucle que tiene la vida. Nos repetimos mucho más de lo que pensamos.
