Alrededor de 100 personas componen el exclusivo círculo de “aliados”, así reconocidos a lo largo de más de dos décadas. Amigos, familiares, trabajadores que creyeron en el proyecto y se entregaron más allá de lo que exigían sus nóminas... todos conservan el símbolo que recibieron como distintivo, y con el tiempo se ven acompañados por otros elegidos que van sumándose a una causa que se mantiene, apenas reconocible por su magnitud, respecto al sueño que un día se formó en la mente arrogante de un adolescente.

Ese símbolo, dorado y resplandeciente, no fue elegido al azar. Representa a su vez el punto especial, el que vio cómo las cosas se precipitaban, el momento en que se terminaba la etapa de aspirantes y llegaba la hora de exponerse en lo más alto, a beber las mieles del triunfo. Y a recibir golpes. En ese punto solo cabía la caída, y quizá aprovechar para aprender a no descentrarse ante el éxito y el fracaso, aquellos ante los que Kipling aconsejaba la misma indiferencia, y a los que como Borges calificaba de idénticos impostores.
Aunque en su caso el fracaso deba reinterpretarse para dar cabida ahí a los constantes críticos que enarbolando argumentos contradictorios y cambiantes, con cansina y casi meritoria tenacidad, han contribuido a menoscabar un reconocimiento que sólo el tiempo les ha dado. Por lo incontestable de los números (de ventas, de años resistiendo...) o precisamente por eso: porque el fracaso será otro impostor más al que no hacer caso... al que Jon Bon Jovi nunca ha tenido el gusto de conocer.
El símbolo –volviendo a él–, de entre los que pueblan su iconografía es un representante del Slippery When Wet. Tercer álbum de Bon Jovi, destaca por estar entre los más vendidos de todos los tiempos, una cifra que es una referencia propia, inalcanzable, a la que ellos mismos se refieren como el “fenómeno”.
Les hizo incluso demasiado grandes durante un tiempo. Ahora, con perspectiva, el mérito es mayor por haberle sobrevivido que por haberle dado forma, en una carrera de fondo en que los demás desfallecían mientras encontraron una fórmula. Creyeron en la “visión” del hombre que cargó con el grupo a sus espaldas y que hizo que por encima de todos los motivos para la deserción –que los hubo– entendieran que todo proyecto mantenido en el tiempo, como cualquier buena relación, crece tras las adversidades. Una visión única en estos tiempos.

Pero el Slippery siempre está ahí. Midiendo y estableciendo comparaciones odiosas. Porque entre otras cosas su lanzamiento se fusionó con New Jersey a través de una gira extenuante y confusa, en que los escenarios se sucedían ante su incapacidad para asimilar lo que vivían. Con ambos LP engarzados se formó el espíritu de un repertorio al que es fácil rendirse, sea uno detractor o no, y que explica que en los nuevos tiempos los críticos se reciclaran pasando a atacar a su evolución y reconociendo sólo los méritos pasados. La realidad puede que les dé algo de razón. El propio grupo demuestra en el repertorio de sus conciertos a qué rinden culto, puesto que todo es Slippery y New Jersey. Sus Livin’on a prayer, el Bad name, Wanted, I’ll Be There For You, Wild In The Streets... Energía a borbotones, melodías tan vigorosas como seductoras, coros arrolladores, frases épicas... el reflejo de un grupo histórico en su momento de plena efervescencia. ¿Cómo seguir adelante?