Dos años después de terminar con el ataque de los segadores las cosas han cambiado en el entorno de la alianza. Tras una época de celebración y victoria, el tiempo parece haber dejado atrás las hazañas de la comandante Shepard, dada por muerta tras un devastador asalto sobre la Normandía por parte de una nave sin identificar. Una falsa sensación de seguridad circula entre los dirigentes de la alianza, una situación extraña teniendo en cuenta cómo en los últimos meses se ha perdido en contacto con varias colonias humanas a lo largo de la galaxia. Mientras dejan caer las principales sospechas sobre los Geth, los segadores siguen trabajando en la sombra inexorablemente, continuando su plan para exterminar toda la vida del sistema.

El proyecto Lázaro


Transcurridos dos años desde la destrucción de la nave, despertamos en una extraña instalación en medio de una batalla. La organización Cerberus (tachada poco menos que de organización terrorista en el primer Mass Effect) ha gastado ingentes cantidades de capital en el proyecto Lázaro. Este es un sistema de recuperación y mejora genética que ha conseguido reconstruir nuestro cuerpo y nuestros recuerdos utilizando la tecnología más avanzada que el dinero puede comprar. Al frente de la organización está el enigmático “Hombre Ilusorio”, una persona inquietante que parece tener loables objetivos para la humanidad. Miranda, la doctora encargada de llevar a buen término el proyecto Lázaro, se convertirá desde el principio en una de nuestras aliadas más importantes, ayudándonos a conseguir acabar con los planes de los segadores, verdadero objetivo de la organización Cerberus.

Nuestros primeros pasos, una vez en plena forma, irán encaminados a reunir un equipo con garantías para tratar de salir con vida de esta misión, algo que muy pocos consideran factible. Las primeras horas de juego nos proporcionarán un torrente de extraordinarias sensaciones que serán difíciles de olvidar. A nuestro regreso a un universo conocido y familiar, se une el hecho de vivir numerosos y emocionantes reencuentros: viejos amigos con nuevas vidas a los que tendremos que convencer para que vuelvan a jugárselas en una misión de la que pocos podrán volver. Sin duda, esas primeras horas son todo un regalo para los fans de Mass Effect.

Muy pronto nos daremos cuenta de que cosas han cambiado y cuales siguen presentes. Obviamente se mantiene el corazón jugable de la saga, un juego de rol y acción en tercera persona con un argumento cuyo peso mantiene unidos tanto al universo como el destino de todos sus personajes. Quizá los puntos más destacables sean el aumento de las secuencias de acción y la simplificación en el manejo y gestión del inventario para que sea más accesible y menos confuso. Esto dejará un poco menos de margen para la personalización de nuestro grupo, pero también se agradece no tener que movernos entre decenas de opciones similares para encontrar lo que realmente necesitemos.
También ha cambiado la forma en que atribuimos los puntos de experiencia al subir de nivel, potenciando los puntos clave de cada clase y eliminando la especialización extrema con el armamento. Mientras en el primer título si no teníamos un nivel alto con determinadas clases de armas nuestros disparos no resultaban efectivos, en esta ocasión, mientras la clase del personaje así lo permita, el éxito dependerá de nuestra propia pericia a la hora de luchar (una simplificación que quizá no guste a los más puristas al eliminar una parte del componente rol). Además, dependiendo de la clase de personaje escogido, (soldado, infiltrado, adepto, etc.) la forma de jugar y combatir será más parecida a la de un shooter, teniendo en cuenta que se sigue utilizando un sistema de cobertura y disparo empleado de forma magistral en otros títulos como Gears Of War, alternativa más común en los juegos de acción en tercera persona.

No existe la casualidad solo la causalidad


Los seguidores de Bioware saben que todas las decisiones que tomas importan y que todas las conversaciones pueden llevarnos a la solución o a conseguir agravar el problema. Esa es la grandeza de los Mass Effect, una cualidad que da pie a unos encuentros francamente interesantes y llenos de tensión, donde una mala decisión puede cambiar totalmente lo que piensan sobre nosotros.
Siempre habrá varias formas de solventar una situación problemática, utilizando la fuerza o quizás el convencimiento y la facilidad de conversación y virtud de nuestro personaje, atributos que podemos mejorar y que podrán versen potenciados por otros objetos como armaduras.
Antes, en el mismo inicio y tal y como viene siendo habitual, podemos escoger el sexo de nuestro personaje, así como sus rasgos, su clase o su pasado. Incluso podremos importar al comandante Shepard grabado de la primera entrega o convertirlo en otra clase de personaje (por ejemplo pasarle de soldado a infiltrado) manteniendo las consecuencias de las decisiones que tomamos en el primer episodio. Estas decisiones marcarán momentos importantes, como el que ciertos personajes estén vivos en esta entrega, por lo que si decidimos comenzar con un personaje totalmente nuevo se tomarán ciertas elecciones por nosotros, necesarias para mantener la coherencia de una historia con un argumento que ya quisieran para sí muchas películas de ciencia ficción.
Es importante resaltar que pese a ello la historia resulta comprensible aunque no hayamos terminado el primer Mass Effect, gracias sobre todo a las conversaciones que nos desvelan los datos necesarios y a la fantástica base de datos que se actualiza de forma constante con grandes dosis de información de planetas, lugares o acontecimientos importantes.

Más cerca de la realidad


A pesar de usar el archiconocido motor gráfico de Unreal Engine 3, una vez más se le ha dado una vuelta de tuerca magistral, mejorando de largo en todos los apartados al primer Mass Effect. Para empezar se acabaron las cargas tardías de algunas texturas, la aparición repentina de ciertos elementos del escenario y los tiempos de carga que ocurrían en determinadas situaciones, si bien conviene aclarar que todos estos pequeños fallos eran muy poco habituales y nada molestos para disfrutar de una aventura emocionante y muy recomendable.
Resulta palpable la evolución en la iluminación o en las texturas, pero sobre todo es asombroso el “subidón” que han experimentado los modelados de los personajes en todas las razas, pero especialmente los humanos. La expresividad, unido a la cantidad de polígonos utilizada y a unas técnicas de animación perfeccionadas pone el listón muy alto, dejando atrás la leyenda de la falta de optimización en los títulos de Bioware y demostrando que le tienen totalmente tomada la medida al Unreal Engine.
El doblaje y la riqueza de las voces (teniendo en cuenta la diversidad de razas, edades y clases de protagonistas) es otro para aplaudir el excelente trabajo realizado, pero al ser un título donde la cantidad de subtítulos es realmente grande, se hubiera agradecido un doblaje al castellano. Esta solución evitaría perdernos gran parte de la belleza técnica y artística que Mass Effect 2 muestra en cada uno de sus inolvidables momentos que pasaremos frente a nuestra pantalla.