Oculus Rift y el Proyecto Morpheus de Sony se nos presentan como la mayor revolución que el videojuego ha vivido desde la llegada de los 32 bits y sus juegos poligonales. Cumpliría una promesa que se viene repitiendo desde los 80 pero cuya concreción solo ahora está a la vuelta de la esquina. La cuestión es, ¿estamos realmente ante algo que seducirá a todos los videojugadores, capaz incluso de atraer a nuevos consumidores, o será solo un producto para hardcore gamers?
No parece que el escenario del videojuego haya cambiado excesivamente con la irrupción de la next-gen, y en ningún sentido: Xbox y Playstation como marca parecen mantener intacto su poderío en la nueva generación, y aquello que están llamadas a ofrecer se parece –al menos por el momento- demasiado a lo que nos ofrecieron en el pasado.