Es interesante lo que dices, porque supone la defensa activa de ciertos valores en los que se asienta nuestra sociedad. Una actitud artística que no suele verse, con un componente cívico.
Hombre, sé que es peligroso que entremos en esos términos porque en el cine intervienen muchos parámetros, emocionales, de truco, pues las películas son ante todo un gran engaño, un maravilloso engaño. De modo que si empiezas a utilizar el cine como herramienta ideológica, puedes echarlo todo a perder. Yo confío en que, si bien es cierto que en mis películas cada vez se traslucen más aspectos políticos, un posicionamiento evidente ante ciertos temas, no olvidan nunca lo fundamental: hablarle al público de la realidad, de la fantasía que también es real, de ellos mismos. Curiosamente, en esta cuestión me encuentro escindido, pues cuando empecé tenía muy claro que el cine era algo completamente lúdico, ajeno a ideologías, y mi camino como director es una muestra clara de que estoy cambiando mi manera de pensar.
¿Cómo se afronta en 2009 una película sobre la Historia Antigua, un péplum? Aunque el género ha ofrecido en los últimos años ejemplos como 300 o Troya, se ve ligado irremisiblemente a su era dorada, hace medio siglo. ¿Te ha guiado la cinefilia, la curiosidad, el ansia de experimentar…?
Una vez te has dado cuenta de que lo que estás escribiendo es un péplum, porque transcurre en la Alejandría del siglo IV, porque hay romanos y egipcios y cristianos, no tienes más remedio que recurrir a la tradición cinematográfica, es un paso obligado revisar el pasado para echar la vista hacia delante. Mateo Gil [co-guionista y director de segunda unidad en Ágora] y yo volvimos a vernos todas esas películas, lo que no supuso ningún trauma porque lo cierto es que títulos como Ben-Hur, Espartaco o La caída del Imperio Romano me encantan. También películas sobre la vida de Jesucristo, incluso películas de las décadas de las que hablamos que no eran péplums, por captar cierta atmósfera relacionada con el auge del género
Hoy por hoy, a esa cinefilia es obligado sumarle el rigor histórico...
Por supuesto, actualmente no puede ser de otra manera, el rigor histórico, el apoyo de especialistas y asesores. Al menos con el proyecto que yo tenía en la cabeza. Necesitábamos saber cómo eran las bibliotecas de Alejandría, la fisonomía de la ciudad, una labor ingente de documentación que incluyó recorrer físicamente los escenarios donde vivió Hipatia. De esta manera, la experiencia referencial, que tan útil nos había sido para dar con una estructura, empezaba a transformarse en un viaje en el tiempo que pretendía otorgar vida propia, orgánica, al proyecto. Desde el momento en que estás pisando el mismo lugar en el que estuvo Hipatia, la conexión pasa a ser emocional, obliga a una reconstrucción fiel de esa realidad que tuvo lugar. Ya no se trataba de hacer una “película de romanos”, sino de revivir en la pantalla un tiempo determinado.
Hombre, sé que es peligroso que entremos en esos términos porque en el cine intervienen muchos parámetros, emocionales, de truco, pues las películas son ante todo un gran engaño, un maravilloso engaño. De modo que si empiezas a utilizar el cine como herramienta ideológica, puedes echarlo todo a perder. Yo confío en que, si bien es cierto que en mis películas cada vez se traslucen más aspectos políticos, un posicionamiento evidente ante ciertos temas, no olvidan nunca lo fundamental: hablarle al público de la realidad, de la fantasía que también es real, de ellos mismos. Curiosamente, en esta cuestión me encuentro escindido, pues cuando empecé tenía muy claro que el cine era algo completamente lúdico, ajeno a ideologías, y mi camino como director es una muestra clara de que estoy cambiando mi manera de pensar.
¿Cómo se afronta en 2009 una película sobre la Historia Antigua, un péplum? Aunque el género ha ofrecido en los últimos años ejemplos como 300 o Troya, se ve ligado irremisiblemente a su era dorada, hace medio siglo. ¿Te ha guiado la cinefilia, la curiosidad, el ansia de experimentar…?
Una vez te has dado cuenta de que lo que estás escribiendo es un péplum, porque transcurre en la Alejandría del siglo IV, porque hay romanos y egipcios y cristianos, no tienes más remedio que recurrir a la tradición cinematográfica, es un paso obligado revisar el pasado para echar la vista hacia delante. Mateo Gil [co-guionista y director de segunda unidad en Ágora] y yo volvimos a vernos todas esas películas, lo que no supuso ningún trauma porque lo cierto es que títulos como Ben-Hur, Espartaco o La caída del Imperio Romano me encantan. También películas sobre la vida de Jesucristo, incluso películas de las décadas de las que hablamos que no eran péplums, por captar cierta atmósfera relacionada con el auge del género
Hoy por hoy, a esa cinefilia es obligado sumarle el rigor histórico...
Por supuesto, actualmente no puede ser de otra manera, el rigor histórico, el apoyo de especialistas y asesores. Al menos con el proyecto que yo tenía en la cabeza. Necesitábamos saber cómo eran las bibliotecas de Alejandría, la fisonomía de la ciudad, una labor ingente de documentación que incluyó recorrer físicamente los escenarios donde vivió Hipatia. De esta manera, la experiencia referencial, que tan útil nos había sido para dar con una estructura, empezaba a transformarse en un viaje en el tiempo que pretendía otorgar vida propia, orgánica, al proyecto. Desde el momento en que estás pisando el mismo lugar en el que estuvo Hipatia, la conexión pasa a ser emocional, obliga a una reconstrucción fiel de esa realidad que tuvo lugar. Ya no se trataba de hacer una “película de romanos”, sino de revivir en la pantalla un tiempo determinado.
