En busca de la ficción


Las localizaciones para el rodaje tuvieron lugar en el estado australiano de Victoria. La impresionante geografía del lugar –que incluye desde bellas playas a desiertos áridos, pasando por bosques y barrancos escarpados- unida a una intensa meteorología se convirtieron en parte inherente de la película. Jonze decidió rodar a merced de las condiciones del clima, decisión que ahora celebra, pues le confieren a su obra un aspecto más abrupto y selvático que ha encandilado al público y gran parte de la crítica estadounidenses. La otra gran elección del director fue rodar de manera tradicional. Los monstruos del título no son ni más ni menos que enormes trajes, cuya construcción requirió más de ocho meses, y supusieron no pocas dificultades a quienes debían estar en ellos enfundados: los actores a los que le tocó la fortuna de interpretar a las criaturas salvajes sufrieron todo tipo de penurias para resistir el calor, el peso, la altura –casi tres metros y medio de disfraz- y la falta de oxigeno que los trajes de monstruo producían. Un entrenamiento de ocho horas diarias fue la clave de su resistencia.
Los efectos digitales sólo se emplearon para dar expresividad a los rostros de las criaturas. Jonze quería monstruos que pudieran ser palpados, que pudieran ser abrazados o empujados. El uso del ordenador no podía primar en la historia que él había personificado, y con la cual se había identificado, a temprana edad. Si bien había imaginado a las “cosas salvajes” y había sido capaz de reverberarlas en su mente, debían ser parte física del universo que debía construir. En definitiva, quería monstruos reales. El realizador se declara absolutamente satisfecho con el resultado.

Pero no todo fue un laxo camino de fantasía y júbilo para Jonze. El producto final no se puede definir como un filme familiar encarado a engrosar las arcas de la taquilla en periodo navideño. Warner Bros, el estudio que produce la cinta, pretendía una cinta más mágica y con más fantasía y retrasó su estreno más de un año para pulir detalles de la producción. No era lo que habían esperado. Donde viven los monstruos se reveló como una obra oscura y enrarecida que se alejaba de los esquemas de un cuento tradicional clásico. Por el contrario, la crudeza y el realismo se apoderan de la cadencia de la obra. Además de la inusitada demora, Warner decidió calificar a la película como apta para niños acompañados por sus padres y decidieron lanzar su promoción televisiva en horario nocturno.

Con todo, parece que la decisión ha sido finalmente acertada. La interpretación de Jonze de las criaturas salvajes no ha dejado de sorprender a propios y extraños. Son seres que basculan entre la depresión y el sentimiento y cargan con el peso de serios conflictos internos, pues lo que ha hecho Jonze es ofrecer el punto de vista de un adulto que relata un cuento para niños de cariz oscurantista. Poco podía imaginarse Jonze antes del estreno de su nueva obra que repetiría la misma suerte con la que corrió Sendak cuando se publicó su libro por primera vez. Si bien el escritor e ilustrador vio como su creación abría la veda a las críticas por mostrar los temores infantiles de manera frontal, Jonze ha sido acusado de provocar la inquietud y la angustia en los niños que han visionado el filme. Por suerte, toda una horda de adultos parecen haberse convertido a la religión que predica Jonze mediante sus monstruos y el exorcismo emocional que realiza a través de estos.