Instalado en el imaginario popular, Sherlock Holmes ha trascendido su condición de personaje para convertirse en un icono que representa la figura del detective privado, hasta el punto de que incluso quienes jamás han leído una sola de sus historias pueden decir quién es y cuales son sus principales características. Esa conexión con el público mayoritario y el hecho de que el personaje sea ahora de dominio público convierten a Holmes en el candidato perfecto para ser objeto de periódicas revisiones por un lado, y por otro para que las mismas puedan tomarse ciertas libertades con el material original sin tener que rendir cuentas a nadie.
Viejos conocidos, nuevos aires
Semejante situación fue dando forma a los pensamientos de Lionel Wigram, un ejecutivo de los estudios Warner (y responsable de los dos últimos episodios de la saga “Harry Potter”) que tenía en mente una visión de Holmes muy diferente a las vistas en cine y televisión, dotada de una sensibilidad más próxima a las audiencias modernas. Visión que en realidad tiene sus mismas raíces en los escritos originales. Y es que aunque Arthur Conan Doyle se centraba en mostrar la inteligencia y la lógica como las principales armas de su criatura, no es menos cierto que también describió a Holmes como un hombre ducho en boxeo y esgrima así como en una suerte de arte marcial llamado baritsu. Asimismo, y aunque Holmes es posiblemente el mejor ejemplo de una mente científica y racional, su padre literario era un hombre fascinado por el ocultismo y los fenómenos sobrenaturales. A partir de esos elementos, Wigram escribió una historia ambientada en 1891 en la que Holmes y su fiel Watson investigan una conspiración para destruir Inglaterra tras la que se encuentra Lord Blackwood, líder de un culto satánico. Una amenaza ante la cual Holmes tendrá que usar sus músculos además de su cerebro.
Para ayudar a vender la historia, Wigram decidió desarrollarla en forma de cómic junto al dibujante John Watkiss (“The Sandman”, “Conan el Aventurero”). Atraído por las posibilidades de reinventar a un icono emblemático desde una nueva óptica similar a los recientes casos de Batman y James Bond, el productor Joel Silver (“Matrix”) aceptó el reto y se hizo con los derechos para adaptar ese comic al cine antes incluso de que este se publicase. El director elegido fue el británico Guy Ritchie (“Snatch”), que sintonizó enseguida con el espíritu de la historia y su intención de plasmar en pantalla toda la acción existente en las aventuras de Doyle que escuchaba siendo niño y que en su opinión nunca había sido llevada correctamente a la pantalla.
Listado de sospechosos
El guión final, escrito por Anthony Peckham, Michael Johnson y Simon Kinberg y supervisado por Ritchie, describe a un Holmes sagaz y racional pero también dotado de un carácter bohemio, despreocupado e irónico. Para realzar tales matices, el papel protagonista fue adjudicado a Robert Downey Jr (“Iron Man”), quien actualmente goza de una segunda juventud profesional y que rápidamente se entusiamo por el carácter excéntrico del personaje, sometiéndose a un riguroso entrenamiento para las escenas físicas y desempolvando el impecable acento británico que le proporcionó una nominación al oscar por “Chaplin”. El papel de su fiel acompañante el doctor John Watson recayó en Jude Law (“Closer”), personaje que también se aleja aquí del estereotipo de torpe gordinflón heredado de las primeras adaptaciones cinematográficas para centrarse en sus rasgos de antiguo cirujano militar así como en su faceta de mujeriego y jugador empedernido. El reparto lo completan Mark Strong (“Red de mentiras”) como el villano Lord Blackwood, personaje original inspirado en el ocultista británico Aleister Crowley, Kelly Reilly (“Triage”) interpretando a Mary Morstan, la prometida de Watson, Eddie Marsan (“Hancock”) como el inspector Lestrade y Rachel McAdams (“Diario de Noah”) encarnando a Irene Adler, una astuta aventurera cuya relación con el detective discurre entre el amor y la rivalidad. Un reparto que se rumorea podría contar con la participación de una gran estrella interpretando al infame profesor Moriarty, némesis de Holmes, en una breve aparición cara a una posible secuela. Un personaje y un actor cuya participación por el momento permanece en el máximo secreto, ya que los responsables de la película ni afirman ni niegan nada al respecto.
Contando con un presupuesto de 80 millones de dólares y un rodaje en varias localizaciones de Inglaterra, la película hace gala de una sensibilidad y tono modernos pero manteniendo una cuidada ambientación del siglo XIX. Un equilibrio plasmado en el aspecto que luce Downey Jr, alejado de la típica imagen del gorro de cazador. El próximo Enero podremos comprobar si este renovado Holmes logra hacerse con el favor del público e iniciar de una nueva juventud edad de oro cinematográfica.
