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Iron Man 2 Comic Digital
REVISTA ESPECIALIZADA EN CÓMIC
"Una vez te das cuenta del chiste que es la vida convertirte en comediante es la única opción sensata" El Comediante / Watchmen #2
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Iron Man 2

Cultura corporativa

Un artículo de Diego Salgado - Introducido el 03/05/2010

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Etiquetas: Iron Man / / Fantasía / Cine + Cómic /


Era muy difícil que "Iron Man 2" pudiese elevarse por encima de los innumerables aspectos creativos que la conforman y constriñen.
Iron Man 2 da la talla en tanto secuela de una de las mejores y más taquilleras películas estrenadas en 2008, pero está lejos de satisfacer las muchas expectativas lógicamente depositadas en ella.

El handicap con el que tropiezan las nuevas aventuras del multimillonario industrial Tony Stark y su alter ego justiciero, Iron Man, se sustancia en el enfoque diferente con que Justin Theroux —actor y guionista que se estrena en el género superheroico tras firmar junto a Ben Stiller el libreto de Tropic Thunder— aborda la figura del padre de Tony, Howard; personaje en la sombra cuyos alcoholismo, distanciamiento y genialidad científica son claves, mucho más en Iron Man 2 que en su predecesora, para ahondar en las atormentadas constantes emocionales del protagonista encarnado por Robert Downey Jr.

En Iron Man, Howard era un trasunto evidente del joven Howard Hughes (1905-1976), outsider de la cultura corporativa estadounidense incapaz de ceñirse a lo que le exigían sus pares; un buen conocedor de los entresijos empresariales y políticos, que no dudaba en subvertir a su propia conveniencia. Cualidades que permeaban la realización de Jon Favreau (asimismo director de Iron Man 2), con la que la editorial Marvel se estrenaba como productora autónoma de sus cómics tras años de desencuentros y decepciones con las majors de Hollywood. Empezando por la atrevida elección del turbulento y talentoso Downey Jr. para interpretar a Tony Stark, y terminando por la revelación pública y orgullosa de la identidad enmascarada del magnate, Iron Man se revelaba tan calculadamente atrevida como atrevidamente calculada. En suma, un producto comercial espléndido, susceptible además de propiciar no pocas lecturas críticas sobre un mundo tan revuelto como el nuestro.

En Iron Man 2, sin embargo, Theroux hace de Howard Stark, suponemos que deliberadamente, una réplica del Walt Disney (1901-1966) menos creativo. El que, agotado como artista y rico cual Tio Gilito, concibió proyectos tan megalomaníacos como el complejo tecnológico EPCOT, que detalló dos meses antes de su muerte en un documental explícitamente homenajeado (?) en Iron Man 2. Por entonces, Disney no era ya sino la cabeza visible de un monstruoso conglomerado que hoy sigue extendiendo sus tentáculos por todos los sectores del audiovisual, y en el que no se toma ni una sola decisión sin calibrar paranoicamente su conveniencia y efectos. Exactamente lo mismo que sucede en la película que nos ocupa, lastrada por la conciencia adquirida por Marvel en torno a su potencial como emporio audiovisual (que desembocó en su adquisición el año pasado por parte de... Disney), que le ha llevado a pergeñar un plan de aquí a 2012 en el que estarán implicadas varias películas sobre sus superhéroes (hasta llegar a la previsiblemente gargantuesca Los Vengadores), con la consiguiente repercusión en sus comics, los videojuegos y demás medios.

Por ello, en sólo dos horas de metraje Iron Man 2 ha de cumplir tantos compromisos que, pese a la labor de nuevo sólida y hasta puntualmente brillante de Favreau tras la cámara (haciendo un hincapié abrumador en lo mediático, virtual y tecnológico de la existencia de Tony), la minuciosa tramoya que se percibe en el guión de Theroux, una apabullante secuencia de acción en Mónaco, y la comodidad con que los actores se desenvuelven en sus papeles, el conjunto adolece de insustancialidad y sobredimensión.

Hay un villano interesante, Ivan Vanko (Mickey Rourke), que le descubre a Tony las facetas más oscuras de su padre. Hay una versión corregida y aumentada hasta la duplicidad del Obadiah Stane (Jeff Bridges) de Iron Man, el contratista Justin Hammer (Sam Rockwell) y el senador Stern (Garry Shandling). Hay un peligro inminente para la vida de Tony que no puede revelar, y que le lleva al borde del abismo en su accidentada relación con el gobierno de su país. Entran en escena Máquina de Guerra (Don Cheadle sustituye a Terrence Howard en la piel de Jim Rhodes), lo que prefigura el posible conflicto de Iron Man 3; así como La Viuda Negra (Scarlett Johansson), quien da pie a un desdibujado triángulo amoroso que completan Tony y la juiciosa Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), amén de retrotraernos a algunas de las más entrañables aventuras impresas de Iron Man. Y Nick Furia (Samuel L. Jackson) adquiere protagonismo, lo que, unido a los guiños al Capitán América y a Thor —¡esperad a que concluyan los créditos finales!— hace que la citada próxima película sobre Los Vengadores esté presente durante todo el metraje…

Demasiados aspectos en liza como para elevar la película por encima de sus múltiples enunciados. Siendo optimista podría argüirse que, como decíamos al principio, bastante correcta ha salido Iron Man 2 teniendo en cuenta segundas partes recientes como Matrix Reloaded, Las Dos Torres, El Cofre del Hombre Muerto o Transformers 2. Pero, circunscribiéndonos al entorno superheroico, basta recordar la estupenda Spider-Man 2 para lamentar que la evidente buena voluntad de Jon Favreau y los suyos no haya enriquecido el universo de Tony Stark sino que, por el contrario, lo haya achicado en nombre de la recién consolidada cultura corporativa de Marvel Studios.

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