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Batwoman: Noche oscura del alma Comic Digital
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"Yo no soy malo, vil criatura. Soy… complicado." Loki / Amazing Spiderman #503
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Batwoman: Noche oscura del alma

Un artículo de Elisa G. McCausland - Introducido el 04/04/2013

Creí, en un momento de sombra,
hallarme en el Lugar Abyecto:
el más oscuro horror me vigilaba;
el aire estaba pleno de rostros, y el terreno
en que mis pies se hundían era Negro,
negro como la más negra noche.

Lewis Carroll en Los horrores (1850)


Nacen de lo oscuro los héroes y las heroínas más interesantes. Tomando “la más negra noche” como inspiración, estos seres en transición buscan su lugar en el mundo limando todos sus ángulos a bofetones. Kate Kane, criatura de la noche, se identifica con cada una de estas criaturas en estado de transición. Es la Batwoman que Greg Rucka y J.H. Williams idearon más allá del estereotipo. Construida desde la gravedad, no es por casualidad que esta heroína, judía de tradición, lleva en su uniforme los colores del conflicto según Gevurah –rojo y negro- , la quinta esfera del Árbol de la Vida; equivalente al arquetipo de la Fuerza, del Juicio, con mayúsculas. Pensamiento y estrategia. También Justicia.

Batwoman/Kate Kane fue concebida por Rucka eludiendo un cierto riesgo “normalizador”. No obstante, el guionista estadounidense siempre tuvo una idea nítida sobre la pelirroja y sus motivaciones -algo que ya no queda tan claro con J.H. Williams actualmente haciéndose cargo del guión-. No hay niñas perdidas en esta historia, por mucho que insistan los mayores. A pesar de lo que pueda parecer, Kate Kane no se esconde de su pasado; se enfrenta a él. Están aquellos que aseguran que existe afán derivativo en esta heroína, pero las motivaciones por las que Kate Kane se ha de enfundar el símbolo del murciélago son otras muy distintas. Que Batman intente, con un cierto afán paternalista, averiguar la identidad secreta de esta pelirroja, o le recomiende que “haga algo con ese pelo” cuando la exmarine utiliza una peluca como señuelo, nos dice mucho más de la independencia de esta superheroína respecto de su supuesto “padre” de lo que pudiera parecer a simple vista. Porque queda más que nítido que ella tiene una misión, su misión. El afán derivativo no tiene cabida en el cuerpo como arma que es Batwoman; el hombre-murciélago es para la heroína puro y legítimo despertar.


Anegación de un mundo por llegar

El trauma que da forma a la heroína tiene un claro paralelismo con la pérdida, ya arquetípica, que, con el tiempo, convertiría a Bruce Wayne en Batman. En asomarse al abismo, en la pérdida de la inocencia, se encuentra la búsqueda de sentido. Niños que dejaron de serlo, demasiado pronto. Perdidos y hallados, sí, al otro lado, en el reflejo. En el caso de Kate Kane, literalmente, solo que convertida en villana. Detrás del espejo encuentra a su hermana gemela asesinada, ahora convertida en una villana carrolliana llamada Alicia; ésta desaparece, tras el primer encuentro, en las aguas de "un mundo anegado". El fuego de Gevurah hundiéndose en el líquido elemento. Arrastrada por la culpa y convencida de que su hermana, Beth Kane, podría seguir viva, busca a otros niños perdidos. La marine pierde el norte. Hundirse en pura emoción, entre otras cosas, desorienta.

¿Y qué hace J.H. Williams a partir de aquí? El dibujante toma las riendas de los guiones, a la vez que intenta cumplir con la flamante forma que, hasta el momento, le ha dado a la heroína. Asistido por, entre otros, Amy Reeder y Trevor McCarthy, Williams aplaza indefinidamente el duelo con la némesis ahogada y se centra en desarrollar las relaciones personales que definirán al personaje, con desigual resultado. El triángulo emocional lo componen la novia de la heroína, la detective Maggie Sawyer; su prima y potencial compañera de aventuras, Bette Kane (también conocida como Flamebird de los Teen Titans); y su padre, el coronel Jacob Kane. Éste último protagoniza uno de los momentos más intensos del último arco argumental publicado en España (“Un mundo anegado”), donde le confiesa a su sobrina convaleciente que quiso a una de sus gemelas más que a la otra porque la más fuerte es “capaz de aislar esa parte suya que permite a una niña llorar por su gata muerta”. Jacob Kane, retratado como héroe de guerra y profesional de la misma, revela haber querido más a aquella que no se parecía a él, precisamente, porque le obligaba a sumergirse en algo tan ajeno a la construcción de nuestro presente como es la piedad. Que J.H. Williams intenta invocar el buen hacer de Alan Moore en Promethea es más que obvio. No obstante, la insistencia de Williams por el arquetipo choca de frente con la propuesta de inicio realizada por Greg Rucka. En el proyecto de “postmujer”, iniciado en 2006 en las páginas de Detective Comics, está la clave para no hacer de Batwoman un pobre reflejo de todo ese increible potencial que aún le queda por ofrecer.

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