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Batman: The Cult Comic Digital
REVISTA ESPECIALIZADA EN CÓMIC
"¡Somos el gobierno! ¿ O es que no ve Expediente X? " Henry Gyrch a Betty Banner / Hulk vol. 3 #4
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Batman: The Cult

A la sombra de su propio nombre

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 14/07/2005
Batman: The Cult
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Editorial: - 0 páginas - Precio:0

Reeditado por Planeta en un lujoso tomo a un precio ejemplar, venia precedido “The Cult” de una aureola de prestigio al ser uno de los títulos de gran renombre que renovaron la imagen del hombre murciélago en la segunda mitad de los ochenta, gracias a autores como Miller, Mazzucchelli, Moore, Bolland o Morrison. La reputación de Jim Starlin y Berni Wrightson, artífices de la historia, así parecía atestiguarlo. Sin embargo el resultado, sin ser decepcionante, no está a la altura de lo esperado. La historia nos presenta a un turbio predicador conocido como el Diacono Blackfire que con sus dotes para la palabra y sus artes para la manipulación ha formado un ejercito de sicarios entre los mas empobrecidos y miserables de Gotham City. A ellos los que envía en una violenta cruzada contra los criminales. Batman pronto tomará cartas en el asunto solo para ser capturado, torturado y condicionado para servir a la causa de Blackfire y sus turbios intereses. Es en esta parte, en como la voluntad de hierro del señor de la noche es quebrada y la posterior lucha de este por recuperar su valor y entereza, donde reside el mejor segmento de la historia que padece de un villano falto de carisma –pese a esos flashbacks que intentan dotarle de un halo legendario- y de usar recursos e imágenes demasiado deudores del Dark Knight de Miller, como demuestran esa narración a base de pantallas televisivas o ese Batmovil acorazado aplastando a las hordas del Diácono. Wrightson despliega todo su talento para las atmósferas oscuras, los ambientes repulsivos y los detalles siniestros que tanta fama le dieron en el género de terror, si bien en ciertos momentos comete algunos deslices (mínimos) en la anatomía de los protagonistas indignos de su reputación.

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