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Mis héroes siempre han sido yonquis

Pecados de juventud

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 30/06/2019
Mis héroes siempre han sido yonquis
Mis héroes siempre han sido yonquis USA - 2019
Guionista:Ed Brubaker
Dibujante:Sean Phillips
Editorial:Panini Comics - 72 páginas - color Precio:13,00€
PUNTUACION
3,5/5

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A estas alturas reseñar las bondades de una obra firmada por el dúo Ed Brubaker y Sean Phillips resulta tarea prácticamente superflua. Cabe no obstante señalar que si bien la colaboración entre ambos suele encuadrarse dentro del género de serie negra, ambos han sabido dar a cada una de sus obra conjuntas un tono propio más allá de ciertos elementos comunes. Mis héroes siempre han sido yonquis, su más reciente colaboración, supone una buena muestra de ello mediante una intriga donde el romance y la angustia adolescentes se dan de la mano.


La trama nos presenta a Ellie, una adolescente recluida en una clínica de rehabilitación que pese a los esfuerzos del personal no consigue evitar su fascinación por consumidores de drogas. Una fascinación que nace del recuerdo de su madre adicta y se traslada a numerosas figuras artísticas (Jean-Paul Sartre, Vincent Van Gogh, Billie Holiday) cuya creatividad llegó a estar íntimamente relacionada con el consumo de estupefacientes. Brubaker narra la trama desde el punto de Ellie logrando hacer fascinante su peculiar visión de la cultura popular desde ojos adolescentes, con una sensibilidad que recuerda a la primera etapa del guionista en el cómic independiente con obras como The Fall o la autobiográfica Lowlife. Sin embargo, a raíz de la relación entre Ellie y otro de los pacientes de la clínica, el argumento vira hacia la serie negra en una historia donde nadie es lo que parece y que el lector que esté atento a los detalles y personajes secundarios podrá enlazar de manera directa como parte de Criminal, franquicia en la que ambos autores llevan trabajando intermitentemente desde hace más de una década.


Pese a las similitudes en el tono, conviene señalar que estéticamente esta nueva obra supone una ruptura dentro de la colaboración entre guionista y dibujante. Aun manteniendo el tono realista, Phillips apuesta aquí por una ambientación menos urbana, sucia y oscura para dar paso a espacios abiertos, limpios e iluminados. Una estética apoyada por una paleta cromática a cargo de Jason Phillips (hijo del propio dibujante) que incluso en las escenas nocturnas apuesta por usar colores pastel y prescindir de sombras, otorgando a los fondos una suerte de toque acuarela que se acentúa en las escenas imaginarias donde Ellie hace referencia a la obra de algún artista o el uso de manchas de tinta gris para el blanco y negro de los flashbacks. Una estética diferente que sin embargo no entorpece el tono progresivamente trágico que se va adueñando de la narración. El resultado es una obra ligera y de lectura rápida que funciona independientemente y supone un perfecto punto de entrada para aquellos que aún desconozcan las virtudes de una de las duplas creativas más afortunadas del cómic USA de las últimas dos décadas.


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