La aspiración multijugador
Quizá sí, pero no es el último incentivo. Había algo que su creador tuvo siempre en mente, y con lo que muchos soñábamos al principio de los tiempos del videojuego, cuando los modos dos jugadores en los plataformas nos condenaban al “uno detrás de otro”, limitándonos a competir en puntos. Probablemente nunca pensamos que fuera a ser posible, porque la esencia del plataformas implica mover en ocasiones la pantalla al límite, saltar en el último momento y que el desplazamiento de pantalla siga ofreciéndonos retos. ¿Cómo hacerlo sin dejar atrás a nuestros compañeros?
LittleBigPlanet nos desveló algunas claves el año pasado. Y a Mario se le acabaron las excusas para dejar a Luigi en casa. Por lo que aquí está, junto a dos tipos con cabeza-seta, dispuestos a permitirnos jugar con hasta 4 jugadores.
Eso sí, hay algo que matizar. Un multijugador puede sonar a cooperación, y ése es aquí también su destino. Pero eso no siempre quiere decir que vaya a ser más fácil por contar con dos jugadores, como de hecho sucede en un Contra o un Gradius, repartiéndonos enemigos y naves a las que abatir con su doble presencia. En un plataformas, por los problemas que mencionábamos, eso se traduce en una obligación de aprender a coordinarse con el compañero, en no tropezar con él y no situarse en un punto que haga que éste, al saltar, choque contra nosotros y caiga al vacío.
Esa idea rehace al juego completamente, porque es mucho más fácil verse entorpecido que ayudado, por más que se hayan dispuesto zonas en que la colaboración entre ambos permite llegar a otros puntos inaccesibles (y por más que permita continuar en el nivel por mucho que muramos, mientras quede un jugador vivo). ¿Es eso malo? Al contrario, es más divertido. Le da más recorrido a un producto que inicialmente parecía sencillo, en lo que es uno de los defectos que se le achacaron a la versión DS y que aquí incluso en modo un jugador se aprecia mucho más equilibrado tras superar las primeras pantallas (sí, vuelven los auténticos retos de habilidad).
Lo que en todo caso no persigue el multijugador es hacernos padecer por la pérdida de vidas, sino que busca que disfrutemos intentándolo una y otra vez, hasta superar en equipo. Y demuestra de paso el potencial de unas fases que, no sólo en ocasiones llegan a ser muy retorcidas para los que creían que esto iba a ser pan comido, sino que además demuestran su riqueza por las diversas maneras en que pueden superarse, algo que ya sabíamos pero que aquí se lleva al límite por cómo cambia la experiencia con varios jugadores recorriéndolas sin descanso.
¿Defectos? Más allá de quién reniegue del género –que cuesta creer no se divertiría en una partida con varios jugadores– uno que se le achaca sin posible respuesta. La fórmula LittleBigPlanet se basaba en tres pilares, originalidad, multijugador y creación de pantallas. La última no la hemos echado particularmente de menos, la originalidad aquí se traduce en el poderoso lifting de un original que es su mejor reclamo. Pero si la aportación multijugador es lo que lo enriquece singularmente, ésta queda necesariamente coja por no aportar lo que LittleBigPlanet añadió en un movimiento hábil y al mismo tiempo imprescindible para los nuevos tiempos: un multijugador on-line. Sí, sin posibilidad de jugar en red le falta algo, algo pequeño quizá, pero habría sido una opción valiosa y casi imprescindible en estos días. Y casi duele echarla de menos, aunque siempre habrá quien quiera desplazarse para jugar con nosotros a este clásico intemporal.
