Las mazmorras opcionales también son merecedoras de alabanzas. Cada una de ellas contiene su propia historia o misión secundaria asociada, y la gran mayoría incluye puzles o trampas que ejercitarán nuestras células grises. Destacan especialmente las mazmorras adicionales que tendremos la ocasión de visitar cerca del final del juego; advertimos que será necesario lápiz y papel para salir airosos de ellas. De tanto en cuando nos toparemos con secciones de plataformas. Lejos de convertirse en una sucesión de saltos milimetrados, estos momentos ofrecen una dificultad adecuada y un agradable respiro después de tanto combate.
Ego Draconis incluye una serie de "herramientas" que lo distancian aún más de sus congéneres. El matadragones cuenta con poderes telepáticos, ideales para averiguar si alguien nos está mintiendo. Junto a la capacidad de convertirnos en dragón, recibiremos una torre que hará las veces de cuartel general; allí se hospedan numerosos sirvientes que forjarán armas, encantarán objetos... siempre y cuando contemos con los ingredientes adecuados. Si los enemigos nos intimidan demasiado, basta con pedirle a nuestro nigromante que nos cree una criatura para que nos ayude en la batalla. Pasatiempos que convertirán una partida de diez minutos en una de cuatro horas.
Por desgracia, el juego está poblado de fallos que lo alejan drásticamente del terreno de la excelencia: para abandonar una conversación -o para salir del menú- es necesario pulsar el botón B, acción que activará la habilidad vinculada a dicho botón una y otra vez; los enemigos se quedarán paralizados si se alejan demasiado de su territorio y reaparecerán al cabo de unos segundos con toda su salud restaurada; tendremos más posibilidades de encontrar algo en la leonera de un adolescente que en nuestro inventario; nos resultará prácticamente imposible seleccionar los objetos que se encuentren en lugares elevados... Pequeños inconvenientes que forman un aura de negatividad que entorpecerá nuestro deleite y disfrute. Es necesario destacar que esta crítica se ha realizado probando la versión para Xbox 360, de modo que desconocemos si estos problemas persisten en PC.
Divinity II: Ego Draconis logra extender sus alas para imponerse ante el resto de títulos de rol europeos gracias a su sentido del humor, la flexibilidad de sus combates y al alto contenido adicional. Su excelente doblaje en español y el económico precio de la versión para PC -20 míseros euros- son las guindas de este pastel delicioso, sí, pero repleto de pasas que nos dejarán un sabor agridulce; si Larian Studios hubiese mimado un poco más ciertos detalles, esta secuela hubiera sido capaz de plantarle cara a cierto dragón mediático.
Ego Draconis incluye una serie de "herramientas" que lo distancian aún más de sus congéneres. El matadragones cuenta con poderes telepáticos, ideales para averiguar si alguien nos está mintiendo. Junto a la capacidad de convertirnos en dragón, recibiremos una torre que hará las veces de cuartel general; allí se hospedan numerosos sirvientes que forjarán armas, encantarán objetos... siempre y cuando contemos con los ingredientes adecuados. Si los enemigos nos intimidan demasiado, basta con pedirle a nuestro nigromante que nos cree una criatura para que nos ayude en la batalla. Pasatiempos que convertirán una partida de diez minutos en una de cuatro horas.
Por desgracia, el juego está poblado de fallos que lo alejan drásticamente del terreno de la excelencia: para abandonar una conversación -o para salir del menú- es necesario pulsar el botón B, acción que activará la habilidad vinculada a dicho botón una y otra vez; los enemigos se quedarán paralizados si se alejan demasiado de su territorio y reaparecerán al cabo de unos segundos con toda su salud restaurada; tendremos más posibilidades de encontrar algo en la leonera de un adolescente que en nuestro inventario; nos resultará prácticamente imposible seleccionar los objetos que se encuentren en lugares elevados... Pequeños inconvenientes que forman un aura de negatividad que entorpecerá nuestro deleite y disfrute. Es necesario destacar que esta crítica se ha realizado probando la versión para Xbox 360, de modo que desconocemos si estos problemas persisten en PC.
Divinity II: Ego Draconis logra extender sus alas para imponerse ante el resto de títulos de rol europeos gracias a su sentido del humor, la flexibilidad de sus combates y al alto contenido adicional. Su excelente doblaje en español y el económico precio de la versión para PC -20 míseros euros- son las guindas de este pastel delicioso, sí, pero repleto de pasas que nos dejarán un sabor agridulce; si Larian Studios hubiese mimado un poco más ciertos detalles, esta secuela hubiera sido capaz de plantarle cara a cierto dragón mediático.
