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La Atalaya del Vigía - Dios Ama, el Hombre Mata: Mutantes de ficción ante una intolerancia real Comic Digital
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La Atalaya del Vigía - Dios Ama, el Hombre Mata: Mutantes de ficción ante una intolerancia real

Panini reedita esta clásico mutante

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 17/02/2021
La Atalaya del Vigía - Dios Ama, el Hombre Mata: Mutantes de ficción ante una intolerancia real

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A punto de cumplirse cuatro décadas de su publicación original, Panini Cómics añade a su catalogo una nueva edición de Dios Ama, el Hombre Mata, una de las historias señeras de la franquicia mutante de Marvel. Un trabajo reeditado para la ocasión en un vistoso formato cargado de extras inéditos en consonancia con la calidad de una obra que, sin renunciar a la fantasía propia del cómic de superhéroes, abordaba sin coartadas ni disimulo problemas de la vida real como la discriminación racial y el fanatismo religioso con notable eficacia.

Dios Ama, el Hombre Mata fue publicada en 1982 en momento donde coincidían el inicio de la expansión comercial de la franquicia mutante (con el lanzamiento de la serie regular de Los Nuevos Mutantes y la primera miniserie de Lobezno) con el auge del llamado mercado directo y el desarrollo del formato “novela gráfica” (sic), pensado para librerías especializadas de cara a un público de mayor edad y poder adquisitivo. Dado que Uncanny X-Men era el título más popular de la editorial la elección de los mutantes era la más obvia de cara al lanzamiento de dicho formato.


El entonces todopoderoso Jim Shooter encargó al entonces imprescindible Chris Claremont la tarea de pergeñar una historia digna de tal formato. Asimismo, de cara a vender su excepcionalidad, se planeó que el dibujo corriese a cargo de Neal Adams, artista puntero que a finales de los sesenta había realizado una corta pero magnifica etapa junto a Roy Thomas en la serie original de los personajes. Desgraciadamente desavenencias contractuales entre Adams y la editorial hicieron que el ilustrador abandonase el proyecto pese a haber dibujado ya las primeras páginas del mismo. Su sustituto fue Brent Anderson, futuro dibujante de Astro City y en aquel entonces un joven ilustrador con apenas un par de trabajos profesionales para la editorial. Sin embargo y pese a su corta experiencia, Anderson compartía con Adams un trazo de corte realista que resultaba perfecto para el tono que Claremont había pensado dar a la historia, llevando un paso más allá el enfoque cultivado en la serie regular.


Si bien el trasfondo sobre la discriminación e intolerancia formaba parte del ADN de las historias de los personajes desde su propia creación a cargo de Stan Lee y Jack Kirby, lo cierto es que en la mayoría de los casos dichas reflexiones se vehiculaban a través de elementos fantásticos propios del cómic superheroico como los Centinelas o La Hermandad de Mutantes Diabólicos. Para esta ocasión Claremont creó un nuevo antagonista en la figura de William Stryker, antiguo militar reconvertido en influyente predicador con poderosos contactos políticos que proclamaba abiertamente y sin coartadas un discurso de odio y miedo contra los mutantes. Un discurso que junto a un grupo paramilitar denominado Los Purificadores planeaba llevar a la práctica, secuestrando a Charles Xavier y utilizando sus poderes para detectar y liquidar a toda la raza portadora del gen-X.


El propio inicio de la trama, con dos niños mutantes siendo perseguidos, ejecutados y con sus cadáveres expuestos públicamente por los Purificadores, fija el tono que definirá la trama, la cual pondrá a los X-Men en una posición desesperada que les lleva a forjar una alianza con su archienemigo Magneto. Se daba así una dinámica insólita en aquel momento de la historia de los personajes, con Claremont poniéndoles en un brete cuando se ven obligados a afrontar que quizá los métodos del villano y su discurso de combatir la violencia con violencia sean los más efectivos. Claremont retomaba de esa forma el trabajo de deconstrucción del amo del magnetismo que venía desarrollando en la serie regular, convirtiendo al villano en un personaje trágico cuyas nobles intenciones chocan con la tragedia que provocan sus actos, otorgándole una contradictoria personalidad que lo aleja del tópico.


Pese al inevitable despliegue de poderes sobrehumanos y vistosas escenas de acción, son los momentos de carácter dramático los que aportan los instantes más memorables de la historia. A la antes citada ejecución infantil se unen así instantes como la cólera de Kitty Pryde ante los comentarios racistas de un compañero de clase; el interrogatorio-tortura de Magneto a uno de los purificadores; la pesadilla de motivos religiosos a la que es sometido el Profesor-X para doblegar su voluntad; o el instante donde el villano denuncia el aspecto de Rondador Nocturno como justificación de su discurso segregador. Y aunque a lo largo de la lectura pueden encontrarse los principales tics creativos de Claremont –especialmente el uso reiterativo de los textos de apoyo- pocas veces el patriarca mutante ha estado tan entonado a la hora de escribir el diálogo de sus personajes. Ejemplos de ello son el sentido enfrentamiento dialéctico entre Cíclope y Stryker antes las cámaras de televisión en un abarrotado Madison Square Garden. O ese desenlace donde un traumatizado Xavier cuestiona su propia postura, tentado de sumarse a Magneto antes de que sus propios alumnos le hagan rectificar.


El dibujo de Anderson, pese al peaje que supone respetar la colorida estética disfrazada de los protagonistas, también busca alejarse del típico cómic de superhéroes, ofreciendo unas caracterizaciones más “a ras de suelo” que incluyen escenarios urbanos decadentes –la persecución de los Purificadores a una debilitada Kitty Pryde por las oscuras calles de Nueva York- y una fisonomía más verosímil de los personajes. En este último aspecto destaca su versión de Magneto, al que Anderson dota de una caracterización mucho más madura que recuerda poderosamente a Ian McKellen… ¡18 años antes de que el actor británico encarnase al personaje por primera vez en pantalla! El eficaz trabajo de narración secuencial –que da lugar a momentos tan poderosos visualmente como la página que muestra el disparo del villano ante las cámaras mediante primeros planos acompañados únicamente por onomatopeyas- y un vistoso uso del color como elemento expresivo -notable en secuencias como ese trágico flashback que muestra el origen del villano plasmado en un tono terroso y difuminado- redondean un resultado excelente que hace incomprensible que tras el mismo Anderson tardase más de una década en despuntar en la industria.


Ambientada de forma difusa dentro de la continuidad –aunque cronológicamente se inscribe en la etapa dibujada por Paul Smith, la alineación del grupo protagonista no se corresponde de forma exacta con aquella-, la influencia de esta historia se haría sentir en los años posteriores, adelantando el tono de algunas tramas posteriores desarrolladas en la serie –El Juicio de Magneto, la Masacre Mutante- si bien su continuidad directa quedó interrumpida durante dos décadas. Inspiración de la exitosa X-Men 2 (2003), que adaptaba muy libremente su argumento al cine, no fue hasta el siglo XXI cuando un Claremont recién retornado a la franquicia decidió recuperar al personaje de Stryker en las páginas de X-Treme X-Men en una saga titulada precisamente Dios Ama, el Hombre Mata II (sic) dibujada por Salvador Larroca. Una secuela que hizo realidad el famoso dicho sobre las segundas partes pero recuperó a un villano al que posteriormente otros autores sacarían interesante partido en series como X-Force. Ello no resta los méritos de la obra original que, pese a sus casi cuarenta años de existencia, aún resulta relevante en el panorama actual y cuyo discurso contra la intolerancia desgraciadamente parece resultar más necesario que nunca.


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