Antes de eso el apartado sonoro busca también otra dirección. Cualquiera con una mínima trayectoria puede identificar las melodías de Metal Gear, o los sonidos de Castlevania. Aquí puede que no llegue a tanto y que ninguna de sus sinfonías sea –al menos de momento- su bandera, pero vienen con su elaboración arcade y sin tirar de banda sonora del momento apta para recopilatorio. Algo que puede ser una ventaja o no según preferencias.
Siguiendo con aspectos técnicos hay más adiciones curiosas, entre ellas el VGS o Sistema Visual de Gravedad, un gráfico que nos muestra la posición del centro de gravedad del vehículo y su afección al trazado de las curvas con un medidor de agarre de neumáticos. Curioso al principio, después pierde su parte de protagonismo y es sólo una información secundaria.
Puede que ninguno de sus modos sea comparable al estrella de GT, pero sí tienen su originalidad y dan camino para correr y recorrer. Aparte de las carreras sencillas para los más pragmáticos y hastiados de excesos de configuración o implicación, nos encontramos con un modo de “revolución al volante” para cumplir con el reto de cruzar múltiples checkpoints a la velocidad justa, en lo que empieza sencillo y acaba exigiendo mucha precisión. Con todo el Enthusia Life es su buque insignia y es el que a lo largo de mucho, mucho tiempo, nos ha de permitir colocarnos como número 1 de entre mil pilotos. Eso se hace reforzando el nivel de conducción sobre la victoria en sentido estricto, es decir, las carreras puntúan de distinta manera según las hagamos con uno u otro vehículo, y según el comportamiento que tengamos en ellas. Se penalizan las salidas, las colisiones etcétera y entonces se nos da una valoración. Aunque desgraciadamente las negligencias de nuestros rivales nos pueden afectar ya que inexplicablemente si ellos nos golpean, los puntos nos los quitan a nosotros.
Este modo de juego es tan largo, que a base de machacarlo para subir puestos uno puede acabar encerrado en algo de monotonía y echar de menos más opciones. No obstante lo que son sus partidas, el verdadero pilar central da buenos momentos.
Como cabría suponer, los comportamientos físicos de cada vehículo y sus distintas cilindradas, carrocerías y configuración son rotundamente diferentes. El nivel de realismo en su manejo pasa con nota, e iniciándonos con coches de calle la manejabilidad es notable. Posteriormente, comprobando cómo es competir bajo la lluvia, con salpicaduras de agua en nuestra pantalla y la noche reflejándose en la calzada húmeda, viendo como nuestro deportivo se desliza en una inercia intratable en contraste con los alegres circuitos a la luz del día, globalmente hace pensar en una difícil prueba superada. Si Konami empieza así, Enthusia acabará convirtiéndose en referencia en el futuro.
Siguiendo con aspectos técnicos hay más adiciones curiosas, entre ellas el VGS o Sistema Visual de Gravedad, un gráfico que nos muestra la posición del centro de gravedad del vehículo y su afección al trazado de las curvas con un medidor de agarre de neumáticos. Curioso al principio, después pierde su parte de protagonismo y es sólo una información secundaria.
El juego... y sus modos
Puede que ninguno de sus modos sea comparable al estrella de GT, pero sí tienen su originalidad y dan camino para correr y recorrer. Aparte de las carreras sencillas para los más pragmáticos y hastiados de excesos de configuración o implicación, nos encontramos con un modo de “revolución al volante” para cumplir con el reto de cruzar múltiples checkpoints a la velocidad justa, en lo que empieza sencillo y acaba exigiendo mucha precisión. Con todo el Enthusia Life es su buque insignia y es el que a lo largo de mucho, mucho tiempo, nos ha de permitir colocarnos como número 1 de entre mil pilotos. Eso se hace reforzando el nivel de conducción sobre la victoria en sentido estricto, es decir, las carreras puntúan de distinta manera según las hagamos con uno u otro vehículo, y según el comportamiento que tengamos en ellas. Se penalizan las salidas, las colisiones etcétera y entonces se nos da una valoración. Aunque desgraciadamente las negligencias de nuestros rivales nos pueden afectar ya que inexplicablemente si ellos nos golpean, los puntos nos los quitan a nosotros.
Este modo de juego es tan largo, que a base de machacarlo para subir puestos uno puede acabar encerrado en algo de monotonía y echar de menos más opciones. No obstante lo que son sus partidas, el verdadero pilar central da buenos momentos.
Como cabría suponer, los comportamientos físicos de cada vehículo y sus distintas cilindradas, carrocerías y configuración son rotundamente diferentes. El nivel de realismo en su manejo pasa con nota, e iniciándonos con coches de calle la manejabilidad es notable. Posteriormente, comprobando cómo es competir bajo la lluvia, con salpicaduras de agua en nuestra pantalla y la noche reflejándose en la calzada húmeda, viendo como nuestro deportivo se desliza en una inercia intratable en contraste con los alegres circuitos a la luz del día, globalmente hace pensar en una difícil prueba superada. Si Konami empieza así, Enthusia acabará convirtiéndose en referencia en el futuro.
