[DESTACADO]5[/DESTACADO]Sudaremos para lograrlo, pero finalmente podremos asirnos a alguna rendija o trepar por sus miembros. La música resuena entonces grandiosa, épica, y hace recobrar las fuerzas al esforzado jugador. La cámara se acerca a las criaturas que se remueven tratando de hacernos caer. La mayor parte del tiempo nos aferraremos a sus pelajes, evitando que nuestro nivel de agarre descienda demasiado y perdamos el equilibrio, ascendiendo poco a poco hasta el punto débil definitivo del coloso, que no siempre resulta fácil de encontrar. Y una vez alcanzado, aun con la bestia tratando de evitar su fin, agitándose e incluso desesperándose (las animaciones son fascinantes y mantienen en vilo a cualquiera, como la del coloso que se retuerce y echa su cabeza hacia atrás, bramando hacia el cielo en primer plano, mientras nos asimos a su frente hasta encontrar el momento de matarlo), levantaremos nuestra espada para asestar los golpes finales. La mecánica es más sencilla de explicar que de aplicar, y no siempre podremos recurrir a las mismas técnicas, sino que dependerán de la agresividad del coloso, de su condición y de la necesidad imperiosa de hincar nuestra arma en las zonas iluminadas (que representan los puntos débiles) de las monstruosidad que debamos derribar, si bien no habrá que preocuparse por la vida: los daños que recibamos nunca serán letales.
No podemos dejar de mencionar la calidad de los gráficos. Si Ico era un título intimista, con sus salas cerradas que mantenían aprisionados a los protagonistas, y al mismo tiempo nos sorprendía con planos abiertos de los exteriores del castillo, Shadow of the Colossus produce justo la sensación contraria. La amplitud del mundo invita a recorrerlo en silencio, anhelando el momento de comenzar a combatir: los viajes no se hacen pesados, son el preludio de calma a la excitación de la batalla. Pero en el momento de luchar, los planos se cierran sobre nuestro personaje, la cámara le persigue insistentemente. El movimiento siempre es suave, fluido, y responde a nuestras acciones, mientras pensamos en un nuevo plan, nos recrearemos con el movimiento realista de las moles que nos acechan y atacan con mazas y cuernos. O con la banda sonora de Kow Otani (compositor de los temas de la saga de animación Gundam, entre otros), que tan solo oiremos durante los combates y que despierta toda la emoción al tratar de ejecutar ese salto imposible o la estocada final.
Gráficos de película
No podemos dejar de mencionar la calidad de los gráficos. Si Ico era un título intimista, con sus salas cerradas que mantenían aprisionados a los protagonistas, y al mismo tiempo nos sorprendía con planos abiertos de los exteriores del castillo, Shadow of the Colossus produce justo la sensación contraria. La amplitud del mundo invita a recorrerlo en silencio, anhelando el momento de comenzar a combatir: los viajes no se hacen pesados, son el preludio de calma a la excitación de la batalla. Pero en el momento de luchar, los planos se cierran sobre nuestro personaje, la cámara le persigue insistentemente. El movimiento siempre es suave, fluido, y responde a nuestras acciones, mientras pensamos en un nuevo plan, nos recrearemos con el movimiento realista de las moles que nos acechan y atacan con mazas y cuernos. O con la banda sonora de Kow Otani (compositor de los temas de la saga de animación Gundam, entre otros), que tan solo oiremos durante los combates y que despierta toda la emoción al tratar de ejecutar ese salto imposible o la estocada final.
