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Series son Amores - The Mandalorian: Hay una serpiente en mi bota Comic Digital

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Series son Amores - The Mandalorian: Hay una serpiente en mi bota

Por fin llega a España la primera serie galáctica de Disney+

Un artículo de Jose María Amores Casado - Introducido el 24/03/2020
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En las oficinas centrales de Disney, el ratón Mickey respira con alivio y, mientras se recuesta en su sillón de cuero auténtico, extiende la mano hacia la calculadora para ver cuánto van a ganar con el merchan que lancen a costa de esta nueva serie. Y no es para menos porque, desde que Disney se hizo con los derechos y comenzó a lanzar productos de la franquicia, alguno que otro se ha pegado un buen batacazo y los consabidos sacos con el símbolo del dólar no han entrado en la torre Disney como ellos esperaban.

Sin embargo, la para muchos “malvada reina” Kathleen Kennedy tenía un as en la manga, o más bien un as en la Casa de las Ideas: Jon Favreau. Si este chicarrón pudo sacar de la nada la enseña Marvel con un primer y glorioso Iron Man (Marvel Studios 2008, contigo empezó todo), quizás con un poco de dinero y mucha manga ancha podría volver a hacer lo mismo con Star Wars... y en cierto modo así ha sido.


Favreau es uno de los nuestros y cuando le dijeron “Ey Jon, coge esa montaña de billetes y trae algo que podamos ofrecer a nuestros fans”, nuestro amigo se encontró con un dilema: ¿Para qué tipo de fans hago la serie? ¿Me centro en los clásicos a los que tanta caña están dando en las nuevas trilogías? ¿O me dirigo a los recién llegados que disfrutan con los productos más recientes? ¿Muestro una visión ortodoxa, algo más actualizado pero sin romper con los orígenes como hizo Filoni con las series animadas como Rebels (al que por cierto le dan un capítulo para que escriba y dos para que dirija) o genero canon nuevo con lo que se me ocurra?

Parece que él lo tenía claro y nos ha presentado una situación un tanto peculiar: ni mira a los buenos ni tampoco a los malos, se centra en un mandaloriano que ejerce de cazarrecompensas y, en lugar de presentar una épica o una aventura espacial, va el tío con dos narices y nos encaja un space western en toda regla. Fotografía, diálogos, trama, acción, música... todo nos lleva a las películas del oeste y lo hace sin que nada chirríe.



Pero no sólo eso hace Favreau, sino que va y encima con todo el dinero que tiene, le da por enseñar marionetas a la vieja usanza. Y es que nuestro amigo Jon es un crack, porque ha sabido contentar a (la mayoría de) fans clásicos introduciendo personajes, secundarios, figurantes, vehículos, ubicaciones, escenografía y demás que no paran de recordar a la trilogía original. Y todo eso lo mueve en un tono más acorde con el fan actual que ha visto casi al mismo tiempo las nuevas trilogías y las series animadas, consiguiendo darle a los dos tipos de fan lo que quieren.

¿Qué otra cosa puedo hacer para terminar de asegurar que todo esto va a funcionar?” Se preguntó el bueno de Jon. “Pues voy a poner a trabajar en esta serie a actores que sean bien reconocidos por los fans” y nos trae a un elenco de primera con un Pedro Pascal al que se le adivina más que se le ve (sin ofender, creo que ha sido su papel más fácil), y a una serie de secundarios bien conseguidos. “Además, para poner la guinda me voy a marcar un personaje que lo va a petar” (...sí, ese de los memes) y gracias al cual los de Disney han decidido hacer ampliaciones en la sala del tesoro ante la inminente llegada de toneladas de billetes vía merchandising (aunque sigo sin entender cómo han dejado pasar tanto tiempo sin explotar esa mina porque, recordemos, que esta serie está disponible en USA desde mediados de noviembre de 2019).


A lo largo de la serie de ocho capítulos en su primera temporada, veremos a muchos rostros conocidos como Gina Carano, Carl Weathers (sí, el mismísimo Apollo Creed) y Giancarlo Esposito (el dueño de Los Pollos Hermanos), e intuiremos a otros que no se le ven como Taika Waititi, Nick Nolte, Emily Swallow o el propio Favreau entre otros. La serie también mete algunos cameos graciosos, como la aparición de tres de los directores de la serie (entre ellos Dave Filoni) haciendo de pilotos de Ala X y los actores de comedia Jason Sudeikis y Adam Pally como soldados de asalto en el último capítulo con una escena bastante graciosa.

Los personajes que presenta son una revisión de lo que ya conocíamos, una versión vieja-nueva de elementos que ya nos son a todos familiares. El cazarrecompensas mandaloriano (sobre el cual se ahonda en su mitología), la facción del Imperio (ahora decadente y derrotada pero aún con poder y nuevas ideas retorcidas), la importancia de los droides (con un nuevo fichaje bien traído) y los que tratan de sobrevivir en ese borde del espacio (con un elenco de lo más variopinto).


El desarrollo que presenta Favreau con capítulos cortos (en torno a la media hora) y con un estilo de opereta rápida que no nos deja espacio para desconectar del episodio. El arco principal está bien construído y la historia de los personajes va avanzando junto a él, aunque la carga principal recae en la dirección y las escenas de acción ante la escasez de diálogos de un personaje central parco en palabras y con un casco que impide que se le vea el rostro y se le oiga la voz distorsionada (bien jugado Jon, balanceas el peso de la serie hacia la imagen y los efectos, mucho más controlables que el resto).

La producción, como no podía ser menos, es muy buena. Se han gastado una pasta en hacer cada episodio (se habla que el total de la serie ronda los 100 millones de dólares y que solo “la marioneta protagonista” ha costado unos 4 millones, ¡ahí es nada!), y menos mal que son de treinta minutos porque si lo alargan a la Sra. Kennedy le da algo malo. La música corre de cuenta del sueco Ludwig Göransson (Black Panther, Venom, Creed), autor en alza que se marca una banda sonora espectacular en la que desarrolla todo tipo de temas con un tono actual (alejándose del estilo clásico de John Williams), pero siempre que se presta nos recuerda que estamos ante un western. Por cierto, detallazo del Sr. Göransson realizando una composición especial para cada episodio que dura casi lo mismo que la serie.


Todo esto, con el buen empaque que tiene, ayuda a ese extraño pero existente espectador que no sabe nada de las diferentes trilogías o productos asociados a la franquicia (o incluso al que conociéndolas no es muy afín a las mismas) para poder disfrutar de la serie sin haber conocido mucho de antemano o dejando sus prejuicios al margen si quiere disfrutar de una serie de ciencia ficción con toques de western.

Lo que más me ha chirriado de la serie es que, por momentos, se retuerce un poco la propia estructura de la misma por conseguir un buen giro argumental en algún episodio. Por ejemplo, en ocasiones “Mando” es una máquina de matar infalible y en otras parece que se le olvida lo bueno que es haciendo lo suyo y las pasa canutas. Pero con independencia de eso, el entretenimiento está asegurado y la serie aun contando con poca duración siembra lo bastante como para poder seguir ampliando el universo Star Wars por derecho propio gracias a su rico trasfondo, unos secundarios muy interesantes y un tejido muy bien hilado con todo el material previo que, incluso, puede servir de base al desarrollo de esta franquicia en otros productos tanto de televisión como de cine.


¿Pero de qué va la serie? The Mandalorian se centra precisamente en eso, en un guerrero mandaloriano desterrado junto a los suyos a un confín de la galaxia, en concreto en los Territorios del Borde Exterior, donde manda la fuerza de la Nueva República surgida hace cinco años con la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte y el derrocamiento del Emperador y Darth Vader. Allí, los mandalorianos ejercen de temibles cazarrecompensas y nuestro protagonista es uno de ellos, alguien que no le preocupa a quien caza sino cuánto gana. En cierto momento, a “Mando” le piden que recupere a un rehén al que ponen un precio demasiado alto, solo para comprobar que no es el único al que le encargan el trabajo y que, además, su cliente no es otro que un antiguo alto mando Imperial caído en desgracia ahora que los restos del Imperio tratan de esconderse (o quizás recomponerse…) tras su derrota aparentemente definitiva.

El trabajo hará que “Mando” se replantee sus propias convicciones, que salga a relucir una lucha interior entre su pasado y su nueva creencia, entre su moral y su código inquebrantable. Y todo ello sucede al tiempo que se granjea nuevas amistades y poderosos enemigos por el afán de cumplir con su misión.

En definitiva, aunque se le ven las orejas al ratón, se trata de una serie amena, fácil de ver, con buena dosis de acción que presenta una historia sencilla, pero que le permite sacar mucho jugo de la época en la que se enmarca y de los personajes viejos-nuevos que habitan ese lugar inhóspito y asediado por los restos del imperio de esa galaxia muy, muy lejana.


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