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La Atalaya del Vigía - Blade: Viñetas Ensangrentadas

Repasando la trayectoria editorial del cazavampiros más famoso del cómic

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 03/06/2020
La Atalaya del Vigía - Blade: Viñetas Ensangrentadas

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La publicación del especial Lobezno vs Blade entre las novedades de Panini Cómics devuelve el protagonismo titular al cazador de vampiros más popular del cómic. Sin embargo esa afirmación no deja de ser paradójica ya que, pese a que Blade goza de una enorme popularidad en el imaginario colectivo, la trayectoria del personaje en el medio que le vio nacer ha sido tan discreta como accidentada, marcada por numerosos altibajos editoriales pero no por ello exenta de interés.

Creado en 1973 por Marv Wolfman y Gene Colan en las páginas de La Tumba de Drácula (#10 USA), Blade era un hijo poco disimulado de la blaxploitation, subgénero cinematográfico formado por películas de escaso presupuesto con protagonismo de personajes de raza negra en historias que combinaban la acción más comercial con un trasfondo de crítica social. El propio diseño original del personaje con su peinado afro y su cazadora de cuero no escondía su parecido con el actor Richard Roundtree, estrella del subgénero gracias a los film del detective John Shaft. Gracias a Wolfman, Blade se convirtió rápidamente en uno de los personajes favoritos de los lectores, eclipsando al resto de personajes que seguían el rastro del villano titular. Su carisma, personalidad ambigua y un arco argumental centrado en la búsqueda de venganza por la muerte de su madre a manos del escurridizo vampiro Deacon Frost propiciaron que llegase a protagonizar sus primeras aventuras en solitario en cabeceras antológicas como Vampire Tales y Marvel Preview, cuyas características editoriales –formato revista en blanco y negro- posibilitaban narrar historias de corte más explícito.


Sin embargo durante la siguiente década el personaje fue relegado prácticamente al limbo editorial. Hubo que esperar a los años noventa para que Blade fuese recuperado como parte de la línea editorial Hijos de la Medianoche en las páginas de la serie Nightstalkers. Rediseñado visualmente de cara a los nuevos tiempos (pelo corto, traje de cuero y armado con espadas en lugar de sus antiguas estacas y dagas de madera), el personaje volvió a sobresalir hasta el punto de que en 1995 Marvel decidió concederle vez su propia cabecera regular a cargo de Ian Edginton y Doug Wheatley. Una serie que ya adelantaba elementos de la posterior versión fílmica como la de añadir la figura de un socio veterano llamado John “Biblia” Carik (sic), la recuperación de Deacon Frost como enemigo principal o mostrar a Blade como un guerrero solitario frente a unos vampiros agrupados en poderosas sociedades secretas. La serie fue cancelada tras apenas diez entregas, víctima de la debacle editorial de mediados de la década y sin poder beneficiarse del éxito del film estrenado apenas un par de años después.


El éxito de la adaptación cinematográfica protagonizada por Wesley Snipes propició la aparición de nuevos proyectos como el especial Crescent City Blues, obra del novelista Michael Golden y el veterano Gene Colan con una historia que recuperaba el tono de La Tumba de Drácula en oposición a la estética gótica y videoclipera de la película de Stephen Norrington. Algo similar sucedió con una miniserie posterior editada bajo el efímero sello Strange Tales a cargo de Don McGregor y Brian Hagan que mostraba al protagonista envuelto en una guerra entre dos grupos de vampiros en las calles de Nueva Orleans. Dicha miniserie –de la que solo fueron publicados tres números pese a una duración inicial de seis- mantenía la versión original de un personaje que la adaptación cinematográfica había remodelado tanto visual como conceptualmente otorgándole por fin un nombre de pila (Eric Brooks) y aumentando sus habilidades sobrenaturales: mientras que el Blade cinematográfico hacía gala de una fuerza y velocidad sobrehumanas junto a un ansia de sangre fruto de su condición de semi-vampiro, en los cómics la naturaleza híbrida del personaje se limitaba a su invulnerabilidad hacia la infección vampírica.


Una discrepancia que Marvel se encargó de corregir cuando Howard Mackie y John Romita Jr utilizaron al personaje como invitado en Peter Parker: Spiderman. Allí Blade era mordido por Morbius y, debido a la forma de vampirismo única de este último (de origen científico y no sobrenatural), Blade adquiría nuevas habilidades similares a las de su versión fílmica, con la que además comenzaba a compartir look y el apodo de “El caminante diurno” (sic). Dicha remodelación sería rápidamente aprovechada con Blade: Vampire Hunter, serie escrita e ilustrada por Bart Sears que intentó capitalizar el éxito del film con una trama similar, luciendo un dibujo de anatomía exagerada y colores digitales chillones propio de los excesos del género superheroico de los noventa. Acabó siendo cancelada tras solo seis números.

El estreno de Blade II (2002) propició el lanzamiento de una nueva serie, esta vez dentro de la línea adulta Marvel MAX. Escrita por el novelista Christopher Hinz y dibujada por Steve Pugh su premisa (claramente influenciada por la secuela firmada por Guillermo Del Toro) enfrentaba a Blade con los Tryks, una nueva raza de vampiros más evolucionada. Pero de nuevo y pese a que el tono explícito del sello parecía el ideal para el personaje la serie tampoco logró superar la media docena de entregas. En 2006 Marvel volvió a intentar lanzar una serie regular, esta vez con guión de Marc Guggenheim y dibujos de Howard Chaykin. El acercamiento de Guggenheim resultaba bastante original, dividiendo cada numero entre dos tramas: una ambientada en el presente que convertía a Blade en involuntario protagonista de una conspiración vampírica liderada por su propio padre mientras que la otra consistía en flashbacks que repasaban las diferentes épocas pasadas del protagonista, acabando por enlazar hábilmente ambas líneas argumentales en una sola. Asimismo la nueva cabecera procuraba establecer lazos con el resto de la editorial mediante la aparición de personajes como Spiderman, el Dr. Muerte, Lobezno o Union Jack junto a viejos conocidos de etapas anteriores. Pese a la reivindicable labor de ambos autores la serie concluyó en su #12, cerrando todas sus tramas con un inesperado giro argumental que incluía un epilogo donde Gene Colan volvía a dibujar a su creación poco antes de su fallecimiento.


Desde entonces Blade ha ido reapareciendo como invitado en títulos como Capitán Britania y el MI:13 (reclamando las raíces británicas del personaje, ya que en realidad es inglés de nacimiento), X-Men –el crossover La Maldición de los vampiros- o Poderosos Vengadores –donde aparecía camuflado bajo la identidad de Ronin- pero sin haber vuelto a gozar de serie propia hasta la fecha. A la espera de su anunciado relanzamiento en la gran pantalla con los rasgos del oscarizado Mahershala Ali, conviene cruzar los dedos para que la ¿Inevitable? futura colección consagrada al cazavampiros sepa esquivar los errores de enfoque y/o desafortunadas decisiones editoriales siempre parecen zancadillear su potencial en la página impresa.


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