Eso sí, Tetsuya Nomura regresa para hacerse cargo de los diseños de personajes principales. Después de echarle en falta en la anterior entrega, le vuelve a dar su toque al universo FF (aunque con menos cremalleras que las que sufrimos en Kingdom Hearts, ¡gracias! ¡Gracias!). Otro que también vuelve (por última vez, porque acaba de dejar la compañía) es Masashi Hamauzu, el compositor de las piezas de Final Fantasy X, a falta del mítico Nobuo Uematsu. Algunos aficionados japoneses le han echado en cara un exceso de guitarras eléctricas o fondos metálicos, pero en cambio se han rendido ante los coros. Pero no es el único al frente de la banda sonora, porque la cantautora Leona Lewis es la intérprete del tema principal, “My hands”, a quien la crítica tampoco ha dejado con cabeza, argumentando que el tema es demasiado pop para un FF. Como guinda del pastel, las secuencias cinemáticas son obra de Takeshi Nozue, quien creó junto a su estudio la primera película basada en la franquicia que nos dejó con la boca abierta: no hablamos de La Fuerza Interior (vade retro, Satanás), sino de Advent Children. Y ahí no hay discusión: maravilla de maravillas.

Entremos en materia


A pesar de las quejas de los fans, los apartados gráfico y musical son espléndidos. Por partes: el primero, porque circula a 1080p sin ralentizaciones ni apenas tiempos de carga, tanto en vídeos como en pre-renderizados o batallas, estos últimos con fondos hiperdetallados y efectos de luz alucinantes. Todo gracias a “The Crystal Tools”, un motor gráfico creado para la ocasión. Quizá hace años nos prometieron más de lo que las consolas pueden ofrecer hoy, pero no desmerece nada. Y el segundo, porque los temas de batalla siguen siendo épicos y los FX son muy acertados y nítidos. Una delicia para los sentidos.