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Existen alternativas Comic Digital
REVISTA ESPECIALIZADA EN CÓMIC
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Existen alternativas

Cómic independiente (e indispensable)

Un artículo de Elisa G. McCausland - Introducido el 31/08/2009
¿Qué tiene el cómic independiente que genera odios y amores extremos? Algunos lo definen como historias alternativas, nacidas a la vera del sistema, desde los supuestos márgenes de la industria. Otros piensan que solo el que se autoedita es verdaderamente "indie" y que las filiales o editoriales paralelas, tipo Vértigo, tan sólo son otra forma de abrir mercado. Así pues, aquí estamos, entre la capa y el "slice of life", partiéndonos la cara por las historias intimistas, las mallas bien ajustadas y las superheroínas más o menos neumáticas. No obstante, todavía hay quien se pregunta si es necesario elegir entre "indie" y "mainstream" ¿Cómo puedo pasar de pijamero a gafapasta en la misma conversación? Mintiendo, desde luego, o empezando a comer de todo.

Así pues, el amable lector no debería desmoronarse, sino todo lo contrario: armarse de valor y ganas, porque la siguiente selección de títulos cambiarán la forma de ver el cómic de más de uno, pero sólo si se dejan aconsejar. Este listado de indispensables es todo un reto, uno muy personal, porque no deja de ser una selección de imprescindibles, una guía de supervivencia o un menú degustación - como prefieran ustedes verlo -, cuyo objetivo es el de iniciar al escéptico en algún que otro mundo paralelo.

Abriendo el apetito


‘Alan Moore, Neil Gaiman y los británicos que vinieron después’ podría ser el título de un ensayo sobre la reconquista del cómic americano a finales de los ochenta. Muchos sabrán que en los tiempos en los que Depeche Mode hacía “música para las masas”, la editorial DC daba a luz la línea Vértigo, una estrategia para sortear el Comics Code y enfocarse en el mercado más adulto. Ése fue el pistoletazo de salida de la respetada armada inglesa. Alan Moore con sus, ahora archiconocidos, V de Vendetta y Watchmen, y Neil Gaiman con The Sandman, pegaron la campanada. El cómic, de repente, y con la ayuda también de Frank Miller y El Regreso del Señor de la Noche, se convertía en un juego entre adultos digno de ser recordado.

Pero Vértigo acababa de empezar. The Sandman se convirtió en la serie emblema, un cómic cuya historia estaba protagonizada por un (anti)héroe que parecía recién salido de un grupo de glam rock. Esta serie se convirtió en la delicia de góticos, curiosos y universitarios y, con el tiempo, un indispensable para entender el cómic de los noventa (o, al menos, ese cómic que no tenía que ver con los uniformes chillones repletos de bolsillos). Con el (anti)héroe por bandera, Vértigo invitó a otros ingleses a sus dominios. Jamie Delano se encargaría, en un principio, de Hellblazer y Warren Ellis de Transmetropolitan, dos series de lo más longevas y, por ende, un tanto irregulares dependiendo de las tramas y, en el caso de la primera, también de quien la guionizara. Así, si a una servidora le pidieran que destacara un número indispensable de las aventuras de John Constantine (Hellblazer), cometería una especie de sacrilegio recomendando el número 27 titulado Abrázame - guionizado por Neil Gaiman y dibujado por Dave McKean -. Y digo sacrilegio porque Gaiman no fue el inglés que más escribió sobre el bueno de Constantine. Garth Ennis, Paul Jenkins o Mike Carey le dieron forma, alimentaron su humor british, jugaron con su corazón; pero, aún así, Abrázame es especial – por su dibujo, por su textura, porque muestra a un Constantine que no parece susceptible de perder el alma por el camino- lo que lo convierte en una pequeña obra maestra sólo apta para paladares selectos.

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