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Mujeres maravillosas

Las superheroínas pegan más y mejor

Un artículo de Elisa G. McCausland - Introducido el 30/11/2009
Mujeres maravillosas
AVISO: Este texto es un breve resumen del artículo de nuestra Edición Impresa, del número de Noviembre.
Chicas de cómic, con mallas y a lo loco. Superheroínas todas ellas, habitantes de panteones posmodernos cuyas mitologías ya forman parte de la cultura para las masas ¿No hubo un principio para todo esto? Claro que sí.
Un comienzo subversivo y feminista que se diluiría con el tiempo, pero que, tres décadas después, lucharía por su espacio entre tanto héroe malcriado. Fueron los tiempos de la reconquista. Ya en el nuevo siglo, el futuro se presenta nebuloso ¿Bellos cascarones o emisarias del Apocalipsis? Abróchense los cinturones ¡Esto es la guerra!

Qué tienen las superheroínas que a todos embelesan. Dicen que un poquito de diosas, mucha carne enfundada en imposibles uniformes y una misión: la paz en el mundo. No en vano, la superheroína más longeva del cómic americano salió de Isla Paraíso para defender el american way of life de la sombra autoritaria que amenazaba desde el otro lado del Atlántico. Conocida como Wonder Woman, irónicamente, le debe mucho a la guerra. William Moulton Marston, padre de la criatura y psicólogo de la época, lo explica con claridad meridiana en el artículo Our women are our future (1942): “El mayor beneficio que la humanidad pudo extraer de la I Guerra Mundial fue el enorme aumento de la fuerza –física, económica y mental - de las mujeres”.


Despertaron para encargarse del trabajo de los hombres, abriendo así la Caja de Pandora de una revolución que mantendría su aparente estado de latencia hasta la década de los sesenta. Lillian S. Robinson - en su libro Wonder Women, feminisms and superheroes (2004) – confiesa que, en su adolescencia, devoraba Wonder Woman con un cierto temor. Evitaba leer las partes en las que la protagonista aparecía bajo su identidad secreta porque, desde su académico punto de vista, el rol de Diana Prince amenazaba con tragarse a la superheroína. Después de la II Guerra Mundial, y como quien intuye que todo puede venirse abajo con un mero soplido, Robinson tenía miedo de que todo lo ganado hasta el momento por las mujeres, también en el terreno de lo simbólico, se hundiera en las arenas movedizas de la domesticación.

Superheroínas domesticadas


El cómic de superhéroes, nacido a la vera del negocio de la prensa de masas, sobrevivió a la II Guerra Mundial, pero cayó en las garras del morbo y la violencia, según Frederic Wertham y su libro Seduction of the Innocent (1954), una publicación moralista que, entre otras perlas freudianas, decía que Wonder Woman proyectaba una “imagen amenazante” para los chicos y “morbosamente idílica” para las chicas. El Comics Code entró en escena en 1955 para salvar a la infancia del sexo, la violencia, el terror y el romance malentendido. Así fue como las superheroínas precodeWonder Woman, Phantom Lady o Blackcat – dejaron de publicarse o cayeron en la domesticación folletinesca - como fue el caso de la amazona tras la muerte de su creador -. Las venganzas sangrientas, las mujeres fatales y el maquillaje pasaron a mejor vida; también quedaron diluidas las conquistas superheroicas y Wonder Woman pasó de heroína de primera línea a secretaria de la JLA.

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