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Divine Right: Las Aventuras de Max Faraday Comic Digital
REVISTA ESPECIALIZADA EN CÓMIC
"La violencia es un lenguaje primitivo, horrible... aunque debo admitir que su fluidez puede hacerse pasar por poesía. " Doug Ramsey / X-Men: Segundo Advenimiento
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Divine Right: Las Aventuras de Max Faraday

Viaje al corazón del cómic noventero

Un artículo de Javier Jiménez Jiménez - Introducido el 02/04/2018
Divine Right: Las Aventuras de Max Faraday
Divine Right: Las Aventuras de Max Faraday USA - 2018
Guionista:Andy Hartnell, Dominick Cabalo, Jim Lee, Scott Lobdell
Dibujante:Jim Lee, Jonathan Sibal, Mark Irwin, Richard Friend, Richard Bennett, Sal Regla, Scott Williams, Tom McWeeney
Editorial:ECC Ediciones - 400 páginas - color Precio:35,50€
PUNTUACION
3/5

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Jim Lee es uno de esos autores que convirtieron el cómic de los años noventa en un fenómeno de masas con ventas millonarias, portadas de todos los materiales conocidos y hambrientos especuladores comprando decenas de cualquier número uno que llegara a las librerías especializadas. Su trabajo en colecciones como The Punisher War Journal, Alpha Flight o La Patrulla-X lo habían situado en el objetivo de los fans y la industria y, a principios de los noventa, llegaría su entrada definitiva en el olimpo de los creadores con X-Men #1, colección mutante creada para su lucimiento personal que se convertiría instantáneamente en el cómic más vendido de la historia con más de 8 millones de copias.

El resto del relato es bien conocido. La popularidad de Lee siguió creciendo, junto a la de otros artistas como Erik Larsen, Todd McFarlane, Rob Liefeld o Marc Silvestri, en una época en la que la verdadera superestrella de la viñeta era el dibujante. Esto llevó a la deserción en masa de la mayoría de ellos y la creación de una nueva editorial llamada Image Comics que venía a cambiar las reglas del juego y a plantar cara a las omnipotentes Marvel y DC. El resultado fue, por supuesto, un éxito de ventas que se basaba en los puntos fuertes de la industria de aquella época: las poses superheroicas, las impresionantes splash pages por doquier, las portadas de lujo hololumirefractanmegadesplegables y, desgraciadamente, unos guiones que dejaban bastante que desear.


No me entendáis mal. Yo era uno de esos lectores ávidos del próximo número imaginero repleto de acción michaelbayana, poderosas féminas de dudoso gusto estético y escasa guardarropía, megamenazas imparables y dientes muy, muy, pero que muy apretados. En mis estanterías descansan las innumerables portadas de los números inaugurales de WildC.A.T.S., Spawn, Savage Dragon y, por supuesto, Youngblood. (Vamos, ¿quién puede resistirse a esa joya deformada de enormes hombreras parida por el inigualable ROB!?).

Mucho ha cambiado Image Comics desde entonces pero esa es una historia para otra reseña, más que nada porque llevo cuatro párrafos y aún no he hablado del cómic que nos ocupa. Ahora, ECC recupera en un tomo de lujo una de las colecciones nacidas bajo el sello Wildstorm -división liderada por Jim Lee en la editorial y comprada por DC años después con motivo del fichaje del artista- que resume perfectamente muchos de los puntos expuestos en esos primeros párrafos de esta entrada.


La serie nos presenta a Max Faraday, estudiante no muy brillante que intenta sobrevivir y pagar las facturas gracias a la generosidad de su hermana Jenn y su trabajo como repartidor de pizzas. Una noche en la que navega por internet esperando que su “amor de chat” se conecte, su amigo Devon decidirá jugar a los hackers y descargarse un extraño archivo secreto, lo que pondrá en marcha una aventura que llevará a Max a convertirse en un ser muy poderoso y a situarse en la mira de un juego muy peligroso cuya recompensa parece ser el control de la realidad en sí misma.


Lee despliega en este título todo lo bueno y malo de las propuestas noventeras. La acción sin límite y los diseños recargados toman el mando y nos ofrecen una historia de personajes chulescos con predilección por las frases lapidarias, set pieces imposibles con multitud de armas poco manejables y mucho texto explicativo. Quizás, consciente de sus limitaciones como escritor, Lee reclutó a Scott Lobdell y otros como co-guionistas lo que, en opinión de quien esto escribe, no podemos categorizar como un absoluto acierto.

El problema es que Lee ni siquiera ilustra la totalidad de los episodios, dejando en manos de autores solventes pero nada espectaculares las últimas entregas. Esto lastra un poco el final de la historia aunque, como comentábamos más arriba, el arte del dibujante justifica por sí solo la compra de este entretenido tomo.


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