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La Atalaya del Vigía - El Juego Lúgubre: Paco Roca y el lado oscuro del arte Comic Digital
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La Atalaya del Vigía - El Juego Lúgubre: Paco Roca y el lado oscuro del arte

Astiberri lanza una nueva edición de esta interesante obra del autor de Arrugas

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 25/03/2021
La Atalaya del Vigía - El Juego Lúgubre: Paco Roca y el lado oscuro del arte

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A estas alturas explicar quién es Paco Roca resulta algo superfluo. El éxito de crítica y ventas de trabajos como Arrugas, El Invierno del Dibujante o Los Surcos del Azar cuyo impacto ha trascendido más allá del escenario del cómic nacional para acceder a un público más amplio y alejado del medio de la viñeta (tanto patria como foránea) hablan por sí solos. Roca es un autor que ha desarrollado un discurso artístico con elementos de compromiso social y político que se traducen en historias que tratan de los éxitos y fracasos de la vida cotidiana, pero también sobre la reivindicación de episodios poco conocidos de la realidad histórica. Sin embargo ese éxito tiene un hándicap en el sentido de parece que Roca ha dejado de lado inquietudes narrativas relativas a otros géneros como los que cultivaba en sus primeras obras. Obras como El Juego Lúgubre, que acaba de conocer una nueva y mejorada edición a cargo de Astiberri Ediciones que sorprenderá a quienes conozcan solamente sus trabajos más mediáticos.


No es la intención de este texto desmitificar ni menoscabar la producción más reciente del autor valenciano en favor de unas hipotéticamente superiores virtudes de su etapa inicial. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, como se suele decir coloquialmente. Sin embargo si tiene el objetivo de poner en valor los hallazgos de un cómic que, partiendo de una propuesta y una adscripción de género completamente ajena a los trabajos citados al inicio, nada tiene que envidiarles en cuanto a resultados. El Juego Lúgubre transcurre en 1936 en una España en cuyo horizonte se adivina una futura guerra civil. Buscando evadirse de tan funesto ambiente un joven llamado Jonás Arquero acepta un trabajo como secretario de un excéntrico artista llamado Salvador Deseo que reside en la pequeña y tranquila localidad costera de Cadaqués. Sin embargo poco a poco irá descubriendo que ese aparentemente sencillo e inofensivo encargo oculta un espeluznante secreto.


Utilizando la técnicas de narración literaria como la del manuscrito encontrado (la obra se abre y cierra con dos fragmentos en prosa donde el propio Roca explica que el germen del cómic es su descubrimiento de un supuesto libro biográfico escrito por el protagonista) y el roman à clef, Roca elabora una historia de terror en la línea de antologías como Creepy o Eerie pero que toma personajes y elementos históricos reales para retorcerlos de forma tan angustiosa como impactante. En concreto toma la figura del insólito y rompedor artista catalán Salvador Dalí, cuyo apellido es cambiado por el de Deseo pero de quien se reproducen tanto sus rasgos físicos (ese llamativo bigote engominado) como su insólita personalidad y sus pocos ortodoxos métodos de trabajo. Y es este último aspecto del que Roca utiliza como columna vertebral de la trama.

De forma lenta pero cada vez más opresiva el inocente y cabal Jonás va descubriendo que su nuevo jefe es algo más que un artista megalómano y que su inspiración y herramientas de trabajo incluyen siniestros rituales que amenazan no solo la cordura y la vida de los desconfiados y aterrados lugareños, sino también la suya propia. Un aire sórdido sobrevuela por todo el relato con el añadido de ver como Roca logra trasplantar los tropos propios del horror más o menos gótico a un contexto histórico y estético ajenos aparentemente al mismo, logrando el difícil reto de elaborar atmósferas terroríficas en un escenario plagado de ambientes abiertos y luminosos como son las calles y playas de Cadaqués. Incluso los elementos más ligeros, como la relación del protagonista con una dicharachera muchacha local, acaban contribuyendo a la locura y el horror hacia los que se encamina el desenlace.


Gráficamente Roca ya cultivaba aquí ese trazo estilizado y engañosamente simple que caracteriza su dibujo. Y aunque se mantiene fiel al registro realista que caracteriza sus posteriores obras y que resulta patente en la estudiada reproducción de vestuario, vehículos y objetos varios de la España de la década de 1930, su dibujo emborrona aquí ese dicha realismo de forma similar a como la obra de Dalí se apartaba del arte figurativo para entrar en el terrero del simbolismo y el subconsciente. Las cada vez más frecuentes alucinaciones que va sufriendo el protagonista son mostradas en forma de impactantes imágenes plagadas de sexo y violencia que establecen asimismo una conexión con algunas de las obras más conocidas del artista catalán: el sueño con los elefantes de gigantescas piernas esquemáticas; las rocas de la playa transformándose en un rostro similar al cuadro Premonición de la Guerra; el ojo cortado por la cuchilla del film Un Perro Andaluz (1929); la terrorífica visión de un cuerpo mutilado y “tuneado” reproduciendo una inquietante figura de la serie de lienzos Jirafas Encendidas… imágenes que provocan inquietud tanto en el protagonista como en el lector y que rompen la narración de corte clásico del resto de viñetas, aumentando aún más el ambiente enrarecido buscado por el autor.


Publicada originalmente en 2001 por Ediciones la Cúpula en su emblemático sello Brut Comix en blanco y negro con un formato similar al de libro de bolsillo, El Juego Lúgubre -título no por casualidad tomado de una de las pinturas más célebres de Dalí- ha conocido varias ediciones a lo largo de los años, cada una con sus propias peculiaridades: en 2007 fue editada por Dolmen en formato álbum y a todo color, mientras que en 2012 Roca elaboraría para Astiberri una tercera versión realizada en tono bicolor (negro y rojo) y a la que añadiría un epilogo inédito en las dos anteriores. Esa edición revisada (¿y definitiva?) es la que acaba de volver a las librerías, dispuesta a sorprender a los lectores que desconocen esta otra faceta del autor. Me atrevo a decir que después de su lectura la obra de Paco Roca ya no les parecerá la misma. Y ya puestos la de Dalí tampoco.


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