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La Atalaya del Vigía - Semillas: Días del futuro presente Comic Digital
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La Atalaya del Vigía - Semillas: Días del futuro presente

Repasamos la interesante obra de Ann Nocenti y David Aja

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 08/04/2021
La Atalaya del Vigía - Semillas: Días del futuro presente

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Dicen que la mejor ciencia ficción es aquella que utiliza los elementos fantásticos propios del futuro para hablar realmente del presente más inmediato. En el caso de Semillas podría decirse que se va un paso más allá, pues el futuro decadente imaginado en sus páginas ha acabado solapándose involuntariamente con un distópico presente real donde un peligroso virus lleva asolando desde hace más de un año a todo el planeta. De esa forma elementos como zonas confinadas, el uso de mascarillas o la competición científica por encontrar un remedio a la crisis que pululan por el argumento adquieren para el lector una inquietante familiaridad que seguramente no estaba en la mente de sus autores cuando concibieron el proyecto. No con la misma forma, al menos. Irónicamente esa sintonía se debe a problemas que provocaron que el plan de publicación inicial como miniserie de cuatro entregas fuese interrumpido tras el segundo número y retomado meses más tarde en forma de tomo integral en plena pandemia, como si la propia obra hubiese decidido que aun no era el momento adecuado para ser apreciada debidamente.

Semillas es una propuesta autoral que cuenta con tres nombres propios. El primero de ellos es el de Ann Nocenti, guionista forjada en la Marvel de los años 80 donde crearía a personajes de culto como Longshot y María Tifoidea y recordada especialmente por su magnífica etapa en la serie Daredevil junto a John Romita Jr. Una guionista con una fuerte personalidad derivada de su formación en periodismo y que suele incluir en sus historias elementos de calado social como la pobreza, la corrupción administrativa, el racismo, las drogas o los abusos. Un enfoque temático que retoma aquí esta vez sin el filtro del género superheroico en lo que supone su regreso al medio tras un paréntesis dedicado a otros menesteres profesionales.


El español David Aja se responsabiliza de la parte gráfica, prolongando el recital narrativo y estético previamente desplegado en títulos como El Inmortal Puño de Hierro y Ojo de Halcón. Con Semillas el dibujante vallisoletano va un paso más allá, experimentando aquí con el uso del color mediante el uso de un acabado bitono –negro y un verde apagado- que crea una atmósfera decadente y gastada en sintonía con el tono de la historia y a la que contribuye la propia edición física del cómic -mediante el uso de un papel poroso y sin brillos-, dándole una sensación táctil propia de un fanzine underground o incluso una de aquellas añejas revistas pulp de principios del siglo XX.


Finalmente, en segundo plano pero de peso igualmente definitorio, el tridente autoral se cierra con Karen Berger. Esta influyente editora, descubridora de talentos y principal artífice de la aclamada línea Vertigo de DC, –agónicamente desmantelada tras su marcha en 2013- volvía así al mundo de cómic de la mano de Dark Horse con su propio sello (Berger Books) dispuesta a volver a ampliar los límites del cómic USA propiciando la creación de obras tan personales y atrevidas como la que nos ocupa.

Pero ¿De qué va Semillas? Ambientada en los EE.UU. de un futuro cercano asolado por la crisis económica, el cambio climático y la dependencia tecnológica, la serie narra las historias en paralelo de varios personajes: Astra, una reportera gráfica que intenta ser fiel a la ética periodística en una época donde el entretenimiento le ha ganado la partida a la información; Lola, una joven inválida que inicia una relación con un misterioso amante; y Race, amante de Lola y en realidad miembro de una expedición alienígena que ha llegado a nuestro mundo para recopilar muestras de sus principales formas de vida antes de su próxima extinción. Las idas y venidas de dichos personajes más los secundarios que orbitan a su alrededor tejen un tapiz de intriga que permite a Nocenti tocar asuntos como el papel de los medios en la cultura de la desinformación (impagables los diálogos entre Astra y su cínica editora); la banalización de las consecuencias del cambio climático; o la división entre diferentes clases sociales, manifestada aquí físicamente mediante ese muro que separa a la comunidad ludita libre de tecnología del resto de la sociedad, abotargada por reality shows protagonizados por millonarios embarcados en viajes espaciales y por el consumo de drogas sintéticas que permiten experimentar una sensación similar a la muerte (sic).


Nocenti se sirve de todo ese catálogo de ideas para trazar una imagen poco benévola del futuro que acaba redimiéndose gracias a un idealismo al que, cada uno a su propia manera, los protagonistas se aferran con uñas y dientes. Un relato de corte humanista que tiende más a la introspección que a lo espectacular y al que Aja logra dotar de un agradecido sentido del ritmo incluso en sus momentos más contemplativos. Un oficio como narrador que se traduce en un despliegue de elementos de corte cinematográfico -planos detalle, fundidos en negro, uso de viñetas contiguas a modo de técnicas de montaje- que exprimen las posibilidades de la planificación de página en formato 3x3.

Publicada en España por Astiberri Ediciones, Semillas en un cómic atípico que resulta irónicamente apropiado para el panorama actual, permitiendo no solo la consagración de su ascendente dibujante mediante proyectos de índole mucho más personal, sino también recuperando felizmente a una de las guionistas más interesantes que ha dado el cómic USA en lo que crucemos los dedos para que suponga una segunda juventud profesional. Eso y la constatación de que, independientemente de la editorial, Karen Berger y su olfato para el talento siempre son una garantía de calidad. Un trío de ases para un cómic de lectura necesaria para reflexionar sobre los tiempos que corren.


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