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Die #1: Corazones Rotos por la Fantasía Comic Digital
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"'Ahora es mucho mas que eso. Siempre lo fue. Y le he mostrado que un hombre sin esperanza… es un hombre sin miedo'" Kingpin / Daredevil #229
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Die #1: Corazones Rotos por la Fantasía

Juego (no tan) de niños.

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 26/09/2020
Die #1: Corazones Rotos por la Fantasía
Die #1: Corazones Rotos por la Fantasía USA - 2020
Guionista:Kieron Gillen
Dibujante:Stephanie Hans
Editorial:Panini Cómics - 176 páginas - color Precio:19,95€
PUNTUACION
4,5/5

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De unos años a esta parte Image Comics se ha ido convirtiendo en la editorial más estimulante del cómic norteamericano, partiendo de propuestas originales en géneros muy distintos y con sus responsables gozando de una libertad creativa que aporta una bienvenida frescura. Die es uno de los más recientes eslabones de esa cadena surgido de la imaginación de Kieron Gillen, guionista más que competente en sus trabajos mainstream (Iron Man, Star Wars) pero cuya mejor prosa se encuentra en obras de creación propia como Phonogram y The Wicked + The Divine.


En Die, cuyo primer arco argumental recoge el presente volumen, Gillen parte de una premisa tan escueta como interesante: en 1991 un grupo de seis adolescentes aficionados a la fantasía deciden jugar una partida a un juego de rol de creación propia. Una partida que les absorbe literalmente durante dos años dentro de un mundo fantástico del que solo cinco consiguen regresar. Veintisiete años después, los cinco supervivientes ya cuarentones son obligados a retomar la partida y afrontar así los pecados cometidos durante su juventud regresando a una realidad que pese a su naturaleza fantástica está poblada de peligros muy reales. Die (título con doble sentido que hace referencia tanto al acto de morir como al argot rolero para referirse a los dados) podría despacharse como un simple high-concept que tiene como referentes directos títulos como Jumanji (1995) o la serie animada Dragones y Mazmorras (1983-1985), adornados por numerosos homenajes relativos a la obra de J.R.R. Tolkien (a cuya persona se hace un interesante homenaje en el tercer episodio), C.S. Lewis o L. Frank Baum entre los nombres más visibles.


Por suerte tanto las intenciones como la pericia de Gillen resultan estar por encima del simple remix de influencias. En realidad el corazón de la serie está en el interesante retrato de sus protagonistas y las luces y sombras que se desprenden de sus personalidades. Enfrentados a una vida adulta marcada por una tragedia de su juventud, su regreso a este reino de la fantasía solo logra exacerbar sus propios traumas, permitiendo a Gillen tocar temas como la ambigüedad sexual -Dominic, personaje masculino, adopta dentro del juego la identidad de Ash, un personaje femenino-, la depresión -Matt extrae su poder reviviendo sus propias tragedias-, la insatisfacción vital, la inmadurez o el sentimiento de culpabilidad. Rasgos que definen tanto a los personajes como su relación, propiciando giros de la trama tan inesperados como el que cierra este primer tomo.


Sacando partido de las mecánicas y lugares comunes asociados a los juegos de rol, el diseño de los personajes caracteriza a estos no solo en lo estético sino también en lo personal. Papeles prototípicos como paladín, mago, ladrón, clérigo o bardo son alterados aquí para incluir elementos novedosos procedentes de géneros como el terror o el cyberpunk que añaden más ambigüedad y posibilidades argumentales a la trama. Una mezcla de la que el apartado gráfico saca partido mediante los vistosos diseños de Stephanie Hans. Principalmente conocida por su trabajo como ilustradora de cubiertas, la dibujante francesa demuestra aquí su ya conocido talento conceptual mediante unos elaborados y originales diseños que, además de los propios protagonistas, son extensibles a los escenarios que atraviesan en su periplo e incluyen ciudades fantásticas, campos de trincheras bélicas y dragones mecánicos entre otras lindezas. Por suerte Hans también se revela como una hábil narradora que saca partido a las diferentes disposiciones de página, concediendo asimismo un importante papel al uso del color como elemento dramático. Algo que resulta en imágenes de preciosista corte pictórico pero sin acusar el estatismo o la falta de argumento habituales en ese tipo de ilustración.

El resultado es una de las novedades más interesantes de la reciente hornada de viñetas made in USA que ofrece, tanto a guión como a dibujo, una mirada fresca e interesante sobre un escenario argumental ya conocido con intrigantes resultados y cuya evolución (especialmente tras ese giro final) servidor espera conocer con impaciencia.


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