Asomándonos al pasado, encontramos importantes ejemplos para todas las direcciones, y una de ellas, es la de lo que nunca se debe hacer.
Space Ace, hace ya casi 20 años creó estupor con un producto que superficial y casi fraudulento, entrando por los ojos nos distraía sobre su falta de fondo como probablemente nunca se ha hecho.
Recordemos a este viejo y fugaz intento de innovar.
Representativo dentro del beat'em up bidimensional de principios de los noventa, Final Fight vuelve a Game Boy Advance para placer de nostálgicos saciando los sueños de curtidos jugadores.
Se puede decir que son contados los programas que han sentado cátedra en el videojuego partiendo de los ordenadores PC, y la mayoría de ellos van por los géneros arquetípicos: aventura gráfica, estrategia y fps. Pues bien, la más importante vuelta de tuerca -antes de llegar a los 3D- que se dió en plataformas, consiguió un título emblemático en el soporte más insospechado.
Fue la estrella en la primera etapa de la recordada Super Nintendo, y volvió a arrasar en la N64 dando a muchos motivos de sobra para apartar dudas sobre ésta máquina.
La llegada de la Game Boy Advance venía aparejada a este nombre, y finalmente ambas figuras pueden estar unidas como tantos esperabamos.
La que ha venido a convertirse en una de las sagas más laureadas de los últimos años, debuta en PS2 -hermana mayor del lugar en que tantas glorias obtuvo- con un traslado CASI directo de la excelente aventura de Dreamcast. Aún con la diferencia temporal, éste gran juego hará delicias de los aficionados del género que llevaban mucho tiempo esperando algo similar...
y que se vayan preparando, que no viene solo.
La saga de Ace Combat es considerada por muchos el inicio de los buenos juegos de aviones para consolas. Tras demostrar hasta la saciedad la filosofía Namco al respecto, ahora llega el esperadísimo traslado a un soporte con las posibilidades que el juego llevaba tiempo necesitando.
Imaginad: Un día soleado, de los que apenas se disfrutan en una ciudad como París...¡oh!, París, qué bonita ciudad...Con tantas cosas para disfrutar: la torre de metal, los extensos jardines, los arcos triunfales, los palacios aristocráticos, la tortilla...
Seguid imaginando: acude mi "manager" para informarme de nuestros planes:
-¡Nos vamos a Dakar!- afirma con entusiasmo el pobre Pierre.
Yo, impertérrito, le miro y le contesto
- De eso nada Pierre, Yo me quedo aquí-.
Él, estupefacto, insiste -¡Pero Jean Paul, tenemos que irnos a Dakar!, ¡¡¡es lo que dice aquí, en el último juego de Acclaim: el París Rally Dakar!!!.
Yo, convencido ya de que los próximos días los pasaré en la ciudad del Sena, sentencio:
-¡Ah no!, ¡Así sí que no me muevo!, ¡Con ESE París Dakar yo no voy a ninguna parte!
No son precisamente pocos los devotos de las aventuras de Zelda, y tienen sobrados argumentos para explicar el porqué de su opción. Con uno de sus juegos ubicados entre los mejores de la historia, vuelve a escena en la más grande y la más pequeña de Nintendo, para darnos más momentos mágicos e inolvidables.
Mucho se ha venido hablando de esta secuela, y es que mucho ha sido el tiempo que nos ha tenido en vilo. Junto a la prometedora versión de Metal Gear para la nueva bestia de Sony, esta ha sido la mayor baza de la marca y juego insígne para justificar por si solo la compra de una consola tenga esta el precio que tenga.
Tras toda esta larguísima espera prolongada en larguisimos meses, atenuados ligeramente por imágenes y videos impactantes que se abrían paso por entre rumores, especulaciones y sobre todo RETRASOS , Gran Turismo llega POR FIN y lo hace para arrasar.
Es uno de los programadores más recordados de la mítica época de los 8 bits. Varios de sus juegos se han convertido en títulos de culto, tanto en el terreno deportivo donde uno de los pilares del fútbol digital es su Match Day, como en la perspectiva Filmation donde inspirándose en el Knight Lore de Ultimate (con quienes, no hace mucho, trabajó) tocó techo con Batman y Head Over Heels.
A día de hoy sigue en la brecha, maquinando proyectos y demostrando las cualidades de quién hizo auténticas maravillas que alcanzaban, una tras otra, el número uno en todos los países.
Quitémonos el sombrero. Aquí está Jon Ritman.
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